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Rey de Australia solo hay uno
Novak Djokovic conquistó su 18º Grand Slam firmando un absoluto clínic de tenis ante un Medvedev absolutamente desesperado desde el inicio del segundo set.
Crecerse en los momentos y partidos importantes. El sello de identidad de Novak Djokovic apareció justo cuando muchos pensaron que alguien podía destronarle. Desafiante, imperial, mostrando un tenis cuasi perfecto, el serbio desconectó a Daniil Medvedev llevando a cabo un ejercicio de control de las emociones, balance táctico y experiencia de tremendo número uno. Fue un puñetazo encima de la mesa, una manera de dejar claro a todos quién es el número uno y un espaldarazo de cara a la carrera histórica por la que el Big-3 se mantiene en pie. El serbio suma ya 18 grandes y 9 Open de Australia.
El partido comenzó con un solo hombre sobre la Rod Laver Arena. La imperiosa necesidad por parte de Djokovic de dejar claro que él sigue siendo el dominador de Melbourne se hizo presente en su primer juego al resto, donde no falló ni un solo golpe y esperó a que los nervios entrasen en escena. Varios errores no forzados por parte de Medvedev entregaron en bandeja de plata el primer break del duelo al serbio, que había empezado como un cohete, cerrando sus juegos al servicio con saque y volea incluido.
Pero esto no iba a ser tan fácil. Medvedev llegó a la final tres juegos tarde, pero llegó. El nivel supremo de Nole se quedó en esos tres juegos y el moscovita precisó su máquina para no fallar ni una sola bola hasta que recuperó el break. El duelo habia empezado con un ritmo vertiginoso, aprovechando los últimos indicios de claridad en Melbourne para hacer uso de la velocidad de la pista. Una vez el juego se estabilizó y encontró el ritmo al servicio, la táctica por parte de ambos jugadores estaba muy clara.
Djokovic se impulsaba en la eficiencia de su servicio con una máxima clara: cuanto más cortos sean los puntos, mejor. El serbio tenía muy claro que debía arrinconar a Medvedev por el lado de la derecha, variando el juego con algunas dejadas y sintiéndose muy a gusto variando el juego con su drive, yendo desde la paralela plana a ángulos liftados que trataban de sacar de sitio a Daniil. En contadas ocasiones a lo largo de su historia se protegió tanto el de Belgrado por el lado del que es su mejor golpe... pero así de bueno es el revés de Medvedev.
Se lamentó el ruso de cometer un error no forzado con 4-4 y 0-15 por el lado del revés. En aquel momento, la dinámica de los intercambios le favorecía claramente, apenas cediendo puntos al saque. En los momentos importantes del set, sin embargo, volvió a relucir el mejor Novak a escena, firmando un game absolutamente impecable al resto con 6-5 a favor. A pesar de que Daniil metió muchísimos primeros, Spiderman Novak consiguió sellar el primer parcial gracias a una derecha a la red del ruso, un primer set en el que ambos firmaron idénticos números (12 winners y 7 unforceds Novak, 12 winners y 9 unforceds Daniil) pero en el que el serbio protegió muchísimo mejor su segundo saque de las embestidas del rival, siendo bastante más agresivo al resto que su oponente (80% de puntos ganados con el segundo Nole por el 38% de Medvedev).
El segundo parcial parecía tomar un nuevo rumbo merced a un break tempranero por parte de Medvedev. Sin embargo, la reacción del serbio no se hizo esperar. Fue una reacción de número uno, firmando tres restos consecutivos a la mismísima línea, dos de ellos tras un primer saque por parte de su rival. La diferencia tenística estribaba en muy pocos márgenes, pero la confianza de Djokovic, esa especie de aura especial en los momentos importantes, le impulsaba a dar siempre un paso más. Cada vez que perdió el saque reaccionó inmediatamente para restablecer la dinámica igualada, y en el segundo set se marchó en el marcador.
Lo hizo porque el robot ruso sufrió durante varios minutos un cortocircuito importante. Medvedev se mostraba absolutamente desesperado por su incapacidad de conseguir puntos gratis al saque. La actuación suprema de Novak al resto le hizo olvidar que alargar los puntos era, en realidad, su mejor arma. Djokovic empezaba a mostrarse inabordable y Medvedev, en apenas tres juegos, distribuyó 6 errores no forzados por otros 3 forzados. Así, claro, es imposible. La diferencia era solo de un break, pero el 4-1 parecía una montaña, en especial en lo mental.
El ruso cedió otro break y empezó una ronda de aspavientos y gesticulaciones en el tercer set. La perfección táctica de Djokovic le estaba volviendo loco, y sin su saque como compañía la misión se vuelve prácticamente imposible. Rotura de raqueta incluida, empezaba un nuevo set con el más difícil todavía por delante: remontar un parcial de dos sets a cero en contra ante el número uno del mundo. Daniil no se daba nada de tiempo para respirar y dejaba transpirar sus emociones, su frustración y su incapacidad para toser al serbio. El cambio de guion era absolutamente imposible con esa actitud corporal tan negativa, impropia de lo que habíamos visto hasta ahora a lo largo de todo el torneo.
Así, Novak tomó un nuevo impulso tras marcar la dinámica de cada set: empezar quebrando. Si Medvedev había construido su fortaleza en base a no fallar, a apuntar con precisión a las líneas y no descolocarse en ningún momento, se estaba encontrando con el tenista que había 'masterizado' eso durante muchísimos años. Y eso, a nivel mental, pesaba una barbaridad. Desde mediados del segundo set la regularidad en el juego de Daniil desapareció, fruto de su propia desesperación y de la propia excelencia de Novak. Parecía Daniil absolutamente incapaz de volver a ese patrón de intercambios de revés a revés, una tónica que no se impuso en ningún momento en el duelo.
Imparable Novak
Su porcentaje de puntos ganados con el segundo saque, menor al 30%, terminaba de matar sus opciones. A Djokovic, dos sets y break arriba, solo le faltaba una cosa: cerrar el partido con la misma convicción con la que había disputado todo el duelo. Era, también, un momento para que Medvedev se despojase de todas las dudas que le habían atenazado, de soltarse y darse un último baile, hacer que Nole lo ganase. Así, con 2-4 en contra, Medvedev firmó dos golpes ganadores que hacían recordarnos a su mejor versión que le hacían colocarse con 15-30. Una pequeña puerta se abría. ¿La reacción de Novak? Meter un primer saque a la línea, firmar un contraataque a la misma línea de fondo y cerrar el juego tras un largo e intenso intercambio de revés en el que el ruso falló el primero. En todos los registros, fuese el punto corto, medio o largo, Djokovic salía vencedor. Una perfecta metáfora del duelo.
Novak cerró el partido con un remate antológico, otro perfecto resumen de un partido en el que bordó el tenis. A Medvedev lo mató el contrabreak inicial del segundo set: desde aquel momento el ruso se fundió, se desestabilizó táctica y emocionalmente, algo insuficiente ante esta versión de Novak. Tendrá más oportunidades, no cabe duda, pero hoy no era el día. No era el día porque Novak Djokovic, la Rod Laver Arena y una final forman una combinación que parece embrujar a todo aquel que se atreve a desafiarla. Es la magia de los más grandes, de los inmortales. Y Nole hace tiempo que pertenece a esa categoría.