La redención de Rebecca Marino

La canadiense volverá a jugar un Grand Slam ocho años después. Su padre, fallecido en 2020, fue el motor para empujarla a regresar al circuito profesional.

Fernando Murciego | 1 Feb 2021 | 17.00
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Rebecca Marino en la Qualy del Open de Australia. Fuente: Getty
Rebecca Marino en la Qualy del Open de Australia. Fuente: Getty

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En cada Grand Slam hay una historia que sobresale por encima de las demás. Normalmente suele ser de superación, de valentía, de madurez personal. Claro, que para llegar a ese punto antes hay que pasar por un infierno. Algo así le sucedió a Rebecca Marino hace casi una década, cuando tuvo que alejarse del circuito tras no aguantar la presión del circo mediático que le rodeaba. Otrora número 38 del mundo, la canadiense regresó al tour en 2019, pero ha sido este mes de enero cuando por fin ha llegado su recompensa. Con 30 años, su apellido volverá a lucir en un cuadro final de Grand Slam.

“Ha sido todo un desafío, mi vida en general representa una montaña rusa, así que volver a tener una oportunidad como ésta es realmente una redención, me hace estar orgullosa de todo lo que he logrado”, afirma Rebecca en un reportaje elaborado por la ITF donde explica cómo se han desarrollado las cosas en estos últimos calendarios.

En 2013, después de haber tocado el top40 y disputado todos los Grand Slams, Rebecca colgó la raqueta tras pasar por una depresión. El agotamiento del circuito y el acoso cibernético pudieron con ella, así que la única solución era decir adiós. Curiosamente, aquel Open de Australia vería su última presencia en un gran evento. “No recuerdo mucho de aquel partido, la verdad. En aquel momento ya tenía en mi cabeza la intención de dar un paso al lado en lo referente a mi carrera, quizá por eso lo borré de mi memoria. Hoy pienso en ese período de mi vida y siento que era una persona diferente, por suerte ninguna etapa es para siempre. Es importante hacer lo correcto para mejorar tu estado mental, sea cual sea el paso que debas dar. De no haber tomado aquella decisión, no estaría en la posición que estoy ahora”, reconoce la de Toronto.

Marino estuvo cinco años fuera de la alta competición, tiempo que aprovechó para estudiar una carrera y, de vez en cuando, quitarse el mono con el tenis universitario. Más adelante, cuando empezó a tantear la idea de volver, una fascitis plantar la mantuvo en fuera de juego hasta septiembre de 2020, aunque lo peor estaba por. llegar. Su padre, de 59 años, fallecía hace cuatro meses debido a un cáncer. “Mi padre fue muy importante a la hora de volver al circuito. Sus batallas y desafíos personales fueron lo que me inspiraron para regresar. Teniendo en cuenta que 2020 fue probablemente el año más desafiante de toda mi vida, estoy orgullosa de que me acompañe cada día dentro de mi cabeza durante este proceso”, valora la actual 313º del ranking WTA.

Todas las personas cambian con el tiempo, pero hay experiencias que te empujan hacia una madurez exprés. “Muchas cosas han sucedido entre bastidores, sin que la gente lo viera, aunque muchas cosas se han hecho públicas porque siempre me ha gustado ser social y honesta, sobre todo con todos los problemas que me arrojó la vida”, apunta nuestra protagonista. “Volver a tener este tipo de éxito es realmente gratificante, especialmente después de todos los obstáculos y dificultades que dejé atrás en este último año”.

El mes que viene veremos a Rebecca Marino disputando un Grand Slam ocho años después. Un periplo en el que no solo ha cambiado por dentro, aunque ella diga lo contrario. “No creo que mi estilo de juego haya cambiado tanto, todavía tengo el servicio y mis grandes golpes desde la línea de fondo. Ahora intento agregar un poco más de artesanía, como el slice. La mayor diferencia está en mi espíritu competitivo, en mi determinación y valentía. Hoy soy mucho más fuerte mentalmente, ese es el cambio más importante que he notado”, asegura con perspectiva.

Una fase previa inmaculada

Tras ganar a Cristian, Tomova y Zanevska sin ceder un solo set, Marino superaba la fase previa del Open de Australia a lo grande, volviendo a ganar un partido más de un año y medio después. “Los Grand Slams son los torneos donde queremos estar, estoy feliz por tener esta oportunidad delante, quiero competir tan duro como pueda. Ahora que he alcanzado la meta de regresar a un Grand Slam, el siguiente paso es ganar una ronda. Tengo que seguir empujando para lograr mis objetivos, buscar que cada vez sean más altos, así que me encantaría cumplir el sueño de ganar una ronda. Más allá del resultado, quiero asegurarme de dejarlo todo en la pista y aprovechar la oportunidad”, sentencia la canadiense.