No hay día que no celebremos el nacimiento del blog Behind the racquet, un portal que ha cumplido con sus dos propósitos desde el primer día. El primero, dar la oportunidad de expresarse a los jugadores sobre sus fantasmas personales; el segundo, y más importante, compartirlo con todos nosotros. La última en pasar por la cámara de reflexión ha sido Ekaterina Alexandrova, una mujer que tuvo que estirar el chicle al máximo hasta encontrarle el sabor, pero al final tuvo recompensa. Hoy es la mejor rusa del ranking y está presente en todos los grandes torneos. Un camino lleno de obstáculos que hoy conocemos después de haber pasado el temporal.
“Mis padres dieron todo lo que tenían para que yo pudiera jugar al tenis. Sacrificaron su dinero y luego sus propiedades. Trabajé muy duro, aquel fue un momento muy difícil para mi familia, quería demostrarles que tanto esfuerzo en este deporte no acabaría siendo inútil. Me presioné mucho para cambiar esa situación, pero no estaba jugando bien y mis resultados fueron bastante malos. Se hace realmente muy complicado, el mundo del tenis es muy inestable, tanto que llegué al punto de querer dejar de jugar. Sentía que mi carrera era una pérdida de dinero, que no era lo suficientemente buena. Perdí incluso la motivación para entrenar, lo más fácil hubiera sido renunciar y buscar otro trabajo.
En 2016 aparecí en el puesto 217º del ranking WTA, aunque estuve muy cerca de decirle adiós a la gira. Fui la segunda alternate en la fase previa de Wimbledon, pero no estaba segura de si debía gastarme el dinero en aquel viaje. Si volaba a Londres y finalmente no jugaba, no podría permitirme seguir entrenando. Decidí hacer todo lo posible, así que volamos a Londres pese a que apenas nos quedaba ya dinero que gastar. Al final entré en el sorteo, estaba muy emocionada, aunque solo pudimos quedarnos una semana. En ese tiempo gané los tres partidos de la Qualy y la primera ronda del cuadro final. Gané una gran cantidad dinero que me ayudó a continuar en el tour. Aquel fue el punto de inflexión de mi carrera.
El apoyo de mis padres me mantuvo en el tenis, incluso cuando estaba muy lejos de mis objetivos. Gracias a ellos seguí practicando, esperando mi momento. Aprendí a trabajar duro, a seguir dando mi máximo, entendí que siempre puede haber un momento de suerte que cambie tu situación por completo. Ahora estoy en el puesto 33º de la clasificación. El éxito fue mi trampolín, mi oportunidad hecha suerte, así que aprovecharé esta oportunidad tanto como pueda”.

