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El día que perder pudo salvar la vida de Aljaz Bedene
El esloveno desvela una situación extrema en la que jugó con apendicitis una previa del Us Open. "Necesitaba el dinero, no pensaba de forma clara".
Las penurias y los momentos difíciles que puede pasar un jugador de tenis no acaparan tantos focos como los títulos, las victorias y el júbilo. Sin embargo, la gran mayoría de jugadores profesionales ha atravesado en algún momento de sus carreras una situación casi de necesidad. Y cuando la necesidad apremia, hay que tratar de salvar los muebles prácticamente de cualquier manera. Algunos, incluso, lo han hecho poniendo en juego su salud. Que se lo digan a Aljaz Bedene.
En un desahogo público escrito a través de Behind The Racquet, el tenista esloveno, un habitual en la parte noble de la clasificación y cara conocida del circuito durante más de una década, narra una situación prácticamente extrema que vivió durante una previa del Us Open. El relato es absolutamente desgarrador y muestra la cara B del tenis, esa que también hay que enseñar.
"En 2012 entré dentro del top100. No conseguía ganar demasiado dinero así que cada partido era importantísimo, en especial los de Grand Slam. Me preparé para jugar la clasificación del Us Open. Hubo un parón por lluvia y me empezó a doler el estómago. Pensé, simplemente, que tenía hambre. Gané mi partido y bajamos a cenar. Apenas podía caminar y tuve que tumbarme, con mucho dolor en el abdomen. Intenté dormir, pero me dolía demasiado así que fuimos a ver al doctor. Me dijo que tenía apendicitis y que no jugase el próximo partido. Realmente no quería conocer de qué forma podía afectar a mi cuerpo la apendicitis, porque tenía que ganar. Debía olvidar el dolor porque necesitaba el dinero.
Perdí el primer set y gané el segundo. Empecé a sufrir calambres por todo el cuerpo al inicio del tercer set así que pedí un MTO. En cualquier otra situación me habría retirado del partido, pero no pensaba de forma clara: necesitaba ese dinero. Me puse con bola de partido y mi rival cometió un error, pero el juez de línea no cantó la bola fuera. Perdí el partido en el tie-break. Me sentía decepcionado mientras que sentía un dolor brutal en el abdomen. Fuimos directamente al hospital y me dijeron que tenían que operarme. Si hubiese ganado el partido, habría seguido jugando. Fue un afortunado por perder aquel día: puede que me salvara la vida.
La gente dijo que fingí aquellos calambres. Me dolió bastante: nunca finjo lesiones ni pretendo pasar por problemas que no tengo. Sé que otros me hubiesen llamado idiota si me retiro en uno de los torneos más importantes del mundo. También he llegado a jugar con la muñeca rota porque necesitaba el dinero. Estas situaciones muestran el camino tan complicado que sigue un jugador de tenis. No tenemos un salario, solo algunos jugadores de nivel élite pueden llegar a ganarse la vida. El resto tenemos que pelear por cada partido: en el circuito estás solo, eres tú en la jungla.
Nací en Eslovenia, donde el tenis no era nada popular. La gente me decía que no me convertiría en un jugador de tenis profesional, ya que solo había por aquel entonces un único tenista esloveno en el circuito. No provengo de una familia adinerada y mi hermano gemelo también juega al tenis. Mis padres lucharon por conseguir patrocinadores. Si la vida fuese más fácil, no sé si estaría jugando al tenis porque mi situación fue lo que me motivó para tener éxito".