“El tenis me salvó la vida”

Laurent Lokoli explica su historia de superación después de perder a su hermana en un accidente de tráfico. “Le prometí que algún día jugaría Roland Garros”.

Fernando Murciego | 20 Oct 2020 | 08.14
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Laurent Lokoli. Fuente: Getty
Laurent Lokoli. Fuente: Getty

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Con 26 años y fuera de los 350 mejores del mundo, podría decirse que la esperanza en que Laurent Lokoli irrumpa algún día entre los mejores del mundo es más bien escasa. Su historia, sin embargo, tiene bastante de esperanza, de superación, de pasión. Un día más, Behind the racquet recoge la narración personal de un tenista en activo, en este caso, la del tenista francés. Perder a un familiar querido supuso para Lokoli el gran obstáculo de su trayectoria, aunque una promesa cumplida en su momento le basta para convivir con una sonrisa, aunque los resultados obtenidos quizás no hayan sido tan buenos como los de algunos de sus compañeros. La leemos.

Crecí con mis padres y mis tres hermanas mayores en Córcega, una pequeña isla del Mar Mediterráneo. A los diez años, la vida me puso de rodillas cuando a una de mis hermanas le diagnosticaron cáncer. Durante dos años la vi luchar por su vida. Recuerdo verla llorando cuando perdió el cabello, abrazándome, me sentía impotente. Después de una larga lucha, terminó venciendo al cáncer y me hizo prometer que nunca me rendiría en la vida.

A los doce años salí de casa seguir entrenando. El tenis me ayudó a luchar en ese momento de la vida donde me vi un poco solo, mis padres se estaban divorciando en aquel momento. Finalmente encontré la estabilidad, aunque fue justo en ese momento donde experimenté el dolor más profundo de mi vida. Con 14 años, mi hermana mayor falleció en un accidente de coche con tan solo 28 años. Sentí como si alguien me arrancara el corazón del pecho, no podía soportar el dolor. Mi hermana era abogada, era mi modelo a seguir, me dejó un vacío irremplazable.

Desde ese instante me convertí en una persona totalmente diferente, intentaba encontrar la manera de luchar contra mi dolor en la oscuridad y en la soledad. Era como una especie de forastero dentro de la Federación Francesa de Tenis, me veía solo, aunque luchaba por hacer amigos. Mientras tanto veía a mi familia desmoronarse, había gente que me entendía. No entendían que ya no podía volver a ser feliz.

El tenis me salvó, era el único momento donde podía sentirme cercano a mi hermana, ya que ella estaba completamente enamorada de este deporte. La tendré siempre bajo la piel, mi objetivo es que ella se sienta orgullosa. De los 16 a los 20 años mejoré mucho en la cancha. En mis ratos libres comencé a aficionarme al hip-hop, recordaba los ratos donde bailaba con ella. El baile también me ayudó mucho socialmente. Más tarde perdí a mis abuelos y a mi hermanastro, quien dejó sola a mi sobrina de 3 años con mi hermana. La muerte siempre ha estado a mi alrededor, pero logré dejar atrás toda esa oscuridad.

A los 20 años vi la luz después de clasificarme para el cuadro final de Roland Garros, incluso tuve la oportunidad de bailar con Gael Monfils en la pista principal. Le prometí a mi hermana que algún día jugaría Roland Garros, así que ese era el motivo por el que había seguido luchando durante todos estos años, era una promesa que quería cumplir. Durante estas últimas temporadas he luchado contra varias lesiones, pero siempre sonrío cuando vuelvo a la pista, la vida me enseñó a disfrutar de las pequeñas cosas. Este año volví a recordar lo preciosa que es la vida cuando a mi tío le diagnosticaron cáncer, también cuando tuve un accidente automovilístico durante el torneo de Mallorca.

Creo que a estas alturas soy inquebrantable. La confianza en mí mismo, mi espíritu de lucha, mis tatuajes, incluso mi lado oscuro. Todas estas cosas me han dejado grandes cicatrices en el pasado, pero también me enseñaron a vivir el presente y abrazar el futuro. La vida es corta, es importantísimo sonreír incluso cuando estás pasando por momentos difíciles. Nunca estás solo”.