Arantxa: “No esperaba que me sucediera todo tan joven”
La gran campeona española recuerda cómo fueron sus primeros años en el circuito profesional hasta conquistar su primer Roland Garros en 1989.
En estos días en los que se tendrían que estar disputando el torneo de Roland Garros es normal encontrar múltiples artículos relacionados con Rafa Nadal y todos sus récords en París. Sin embargo, antes de que aterrizara el balear en nuestra vida, fue otro talento precoz el que prendió nuestra llama por el tenis, una mujer que mantuvo a toda España pendiente del televisor gritando ‘¡Vamos!’. Hablamos, cómo no, de Arantxa Sánchez Vicario, tres veces campeona en la capital francesa y la deportista que realmente supuso un boom en nuestro país en lo que afición al tenis se refiere. En una charla radiofónica con los compañeros de We Are Tennis, la ex número 1 mundial hizo memoria sobre sus primeros pasos el en circuito, esos que la llevaron a conquistar su primer Grand Slam con tan solo 17 años.
"Definitivamente, cuando era joven, quería hacerlo bien en Roland Garros. Para los españoles, el Abierto de Francia siempre es nuestro torneo favorito. Es el primer Grand Slam que uno sueña con ganar, también por el hecho de estar cerca de casa, así que siempre tuve una conexión muy especial con aquella multitud. Siempre me sentí cómoda allí, especialmente al tratarse de tierra batida, siempre me encantó jugar allí”, destaca la tenista de Barcelona.
Tantas ganas tenía de jugar entre los grandes que adelantó su madurez antes de tiempo. “Me estaba preparando bien pero fue sorprendente ver cómo crecí a una edad tan temprana. No esperaba que me sucediera todo aquello tan joven, pero tuve que aprender a lidiar con esto y con lo otro. 1987 fue una buena temporada sobre arcilla, llegué con todo preparado para Roland Garros, así que comencé a ganar partidos, luego otro, luego otro, así me planté en cuartos de final con 15 años, ¡a esa edad tendría que estar jugando la categoría junior!”, comenta entre risas en el podcast.
Fue precisamente en aquella primera participación en París donde Arantxa dejó el primer aviso de lo que se venía por delante. “Me vi jugando el cuadro principal, me vi en los cuartos de final, superando a jugadoras que normalmente tenían un mejor ranking que yo, que eran más mayores que yo. No tenía nada que perder, siempre jugaba mejor cuanto mejor eran mis rivales, cuanto mejor era su ranking. Me gustaba mucho competir, siempre fui una buena competidora, era muy luchadora, nunca me rendía. Fue un gran logro llegar tan lejos, meterme en esos cuartos de final, toda España esperaba que esa joven española de 15 lo hiciera bien”, recuerda con cariño sobre aquel torneo.
Un año después, con 16 años, Arantxa volvió a París. De nuevo se quedó en cuartos de final, pero en su camino se encontró con una mujer que representaba todo lo que ella quería ser. “Chris Evert fue mi ídolo desde pequeña. La veía siempre en televisión, al igual que a Martina Navratilova. Eran dos jugadoras que siempre intentaba ver sus partidos, soñaba con jugar con ellas algún día, para así obtener toda esa experiencia y aprender a competir. Tratar de convertirme en una campeona como eran ellas. Evert era la favorita cada vez que llegaba París, era la reina allí, no perdió muchos partidos en aquellas pistas de tierra batida, pero esta vez fue diferente”.
El choque entre ambas se dio en tercera ronda, siendo Evert Nº4 del mundo y Arantxa Nº22. Pocos esperaban el bombazo, pero se hizo realidad. “Intenté hacer mi juego, probablemente la sorprendí al inicio porque jugué un buen primer set, fui muy agresiva. Luego en el segundo parcial comencé un poco nerviosa, pero manejé mis nervios y me olvidé de quién tenía delante. Recuperé la concentración y cerré en dos mangas, 6-1 y 7-6. No me lo podía creer, ni siquiera a la hora de ir a darle la mano. Ella me felicitó, me dijo ‘Felicidades’. Yo seguía alucinando: ‘Dios mío, es real, la he vencido’. Aquella victoria me hizo pensar que si podía superar a la mejor del mundo en tierra batida, algún día podría acercarme un paso más y ganar allí, ser campeona”, revela la española, quien saldría campeona dos meses después.
En 1989 no se cruzó con Evert, no hacía falta. En la final la esperaba la mejor jugadora del mundo. “Steffi Graf llevaba dos años y medio en los que ganaba todo. Todo significa ganar los cuatro Grand Slams, una medalla de oro y el resto de mejores torneos del circuito. Era la número 1 del mundo durante dos años consecutivos. Creo que eso me ayudó mucho, pensé que no tenía nada que perder, sabía que tendría mis oportunidades, solo tenía que aprovecharlas en la cancha. Después de una hora gané el primer set por 7-6. Obviamente, la multitud siempre se pone del lado del menos favorito, que era yo. La gente vio cómo estaba peleando, cómo estaba jugando, les gustó mi personalidad y comenzaron a apoyarme. Eso me excitaba todavía más, me dio mucha confianza”, valora la que por entonces era Nº10 del ranking WTA.
Pero esa confianza no iba a ser suficiente para salir campeona, de hecho, Arantxa llegó a estar contra las cuerdas. “Graf sacaba para partido con 5-3 en el tercer set, tenía el título muy cerca, pero de repente le rompí el servicio. Después de eso me di cuenta que estaba nerviosa, le vi la tensión. Gané mi saque y nos pusimos 5-5, cuando de repente le vuelvo a romper el saque. Entonces era 6-5 y sacaba yo para ganar. Ahí es cuando se me pusieron los pelos de punta, sentí que todo temblaba. ‘Estoy a un juego de ganar a Steffi Graf y ser campeona de Roland Garros’. Era joven, trataba de ir punto a punto, pero todo se me movía, hasta la diadema”, rememora sobre aquel juego.
El destino permitió que Arantxa tocara el cielo con 17 años, en el mejor lugar y ante la mejor del mundo. “Cuando escuché ‘Juego, set y partido Sánchez” no podía creerlo. Tiré la raqueta al aire, me desplomé sobre la arcilla y comencé a llorar como un bebé. Hasta que no vi el trofeo en mis manos no pude terminar de créelo, en ese momento fui la persona más feliz del mundo. Hice historia, ya que nadie esperaba aquello, pero a veces en el tenis pasan estas cosas. Luego fui Nº1 y es muy fácil decir que llegaste tan lejos, pero lo más complicado es mantenerse. Fui lo suficientemente feliz como para tener una carrera larga, sin demasiadas lesiones, tuve la suerte de ganar en todas las superficies, pero nunca esperé tener todo eso. Fue un honor y un privilegio tener la carrera que tuve”, concluye.