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El tenis pende de un virus
El coronavirus ha llegado al mundo del tenis y los pronósticos señalan que será para quedarse. Las consecuencias ya son fatales para todo tipo de sectores.
Mientras toda Europa dormía, la cancelación del torneo de Indian Wells incendiaba las redes sociales. El maldito coronavirus no tenía suficiente con causar el terror en cada centro de salud, también tiene la intención de afectar a otros sectores como el mundo del deporte, concretamente, a nuestro amado tenis. Hace una semana, cuando se canceló el Challenger del Club de Tenis Chamartín, mucha gente quiso mirar hacia otro lado, no querían aceptar lo que vendría después. Siete días más tarde, con el primer Masters 1000 de la temporada tumbado en la lona frente a la epidemia, todo el universo tenístico se hace la misma pregunta: ¿y ahora qué?
Empecemos por los tenistas profesionales, los principales afectados en esta historia. Imagine que usted lleve preparándose y entrenando a diario para competir y que, de la noche a la mañana, no pueda ejercer su trabajo. Es cierto que de momento solo tenemos en cuarentena a Indian Wells, pero todos sabemos que, tras esta decisión, vendrán Miami, Montecarlo y muchos más. Los top10 no podrán pelear por los grandes títulos, los top50 no tendrán la oportunidad de dar la sorpresa y seguir escalando puestos pero, ¿qué pasa con los que están más allá de los ochenta mejores? ¿Qué harán esos tenistas? Y ahora ya no hablo de victorias, sino de billetes.
Ahí donde les ven, viajando por todo el globo y disfrutando de los mejores lujos, sabemos que solamente un 20% del circuito vive de esto. El resto, sobreviven. Los mejores se aburrirán en casa al no poder jugar, ya se encargarán las marcas de tenerlos ocupados, pero aquellos que están fuera del top100 deberán buscar una solución que ahora mismo no se me ocurre. ¿Apuntarse a torneos menores? Ya hemos visto lo sucedido en el Challenger de Lille (23-29 marzo), donde dos top20 han solicitado un lugar en el cuadro. Si a este sector del ranking les dejamos sin opciones de competir durante un par de meses (nadie sabe cuánto puede extenderse esto), son dos meses sin ingresos, un agujero que puede resultar fatal para que las cuentas salgan.
¿Y los periodistas? Por poner un ejemplo, uno muy cercano, el de un comentarista de tenis en televisión. Si no hay torneos, si no se cubren los torneos, si no se emiten los eventos firmados, ¿quién pagará las facturas a final de mes? Pensemos en todos los profesionales que se dedican a seguir el circuito, personas que viven exclusivamente de esto, personas que gastan dinero de su bolsillo para viajar a cada escenario. ¿Qué harán ahora? ¿Qué historias contaremos en Punto de Break? ¿Cómo se recupera esta falta de actividad que solo acaba de empezar?
Por supuesto, no nos olvidamos de los aficionados, y no me refiero a las horas perdidas de tenis en este mes de marzo por no haber actividad en California. Aficionados que tengan entradas compradas para torneos desde hace tiempo, que hayan adaptado su tiempo y su dinero para estar presente en Indian Wells, en Roma o en cualquier otro torneo que a partir de ahora se vea afectado por el coronavirus. ¿Se atreverán las organizaciones a llevar adelante algún torneo sin público? ¿Quién va a devolverle el dinero a todas estas personas que ahora se quedan sin tenis y con una entrada inútil en la mano? Incluso si cambian las fechas, ¿cómo asegurarse de que a todo el mundo le venga bien la modificación? ¿Y el resto de torneos qué pensará? ¿Aceptarán que coincidan dos Masters 1000 en la misma quincena? ¿Se imaginan Miami y Shanghái compartiendo fechas? ¿Qué elegirán los jugadores? ¿Y el aficionado? ¿Perderían valor esos derechos de televisión?
Ya lo ven, todos salimos perdiendo. También los mejor situados en la pirámide. Dominic Thiem perderá sus puntos al no poder defender su trono en el Valle del Coachella. Lo mismo pasará en las semanas posteriores con el resto de campeones, puntos que no se guardan y que ya veremos en qué momento podrán luchar por recuperarlos, si es que no les coincide con otra parada. La pelea del ranking se vería incluso desvirtuada pensando en los que no puedan estar ahora. Roger Federer, por poner el caso más célebre. Lesionado hasta el verano, el suizo podría verse hasta beneficiado por este virus en el caso de que no puedan jugarse torneos hasta entonces. Nos estamos poniendo en uno de los peores casos, lo sé, pero no despejen esta idea apocalíptica. Algunos especialistas han comentado ya su opinión acerca del poco tenis que vamos a presenciar en este 2020 a menos que suceda un cambio radical en los acontecimientos.
Jugadores, entrenadores, equipos de trabajo, torneos, periodistas o aficionados empiezan a ponerse nerviosos ante los números de contagios por coronavirus que cada mañana aparecen en los telediarios. Un círculo conectado en todos los niveles de la pirámide, una familia (la del tenis) que pende de un virus para no ver afectado su día a día. Eso sí, la buena noticia en todo esto es ver la respuesta de los profesionales ante la crisis. Ver que la salud y el ser humano sigue estando por encima del espectáculo, por mucho dinero que se vaya a perder en esta cuarentena sin fecha final. Cancelar torneos es una decisión amarga que nadie quiere aceptar, pero es el único paso posible para proteger al tenis y a cada uno de sus integrantes.