Rod Laver genera admiración hasta en los que nunca lo vieron jugar ni siquiera un peloteo dentro de la cancha. Su grandeza a partir de combatir contra el sistema, de salirse del amateurismo para blanquear la idea de conseguir una retribución por jugar al tenis y haber obtenido en dos ocasiones el Grand Slam (conseguir los cuatro títulos en la misma temporada), le dieron el mote de leyenda. Es por eso que cuando el australiano habla, el resto escucha dado que sus declaraciones suelen ser entendidas como palabras santas.
El polo opuesto a Laver es su compatriota Nick Kyrgios, quien se destaca más por sus movimientos de outsider (implementación del saque por abajo, tweeners), el desgano en varios partidos y por su mala educación con los umpires y jueces de línea que por su destreza tenística. Acerca del actual 30 del ranking mundial comentó en una entrevista con el medio australiano The Age: “No estoy seguro que haya aprendido algo de las cosas que le han sucedido”.
Kyrgios había sido penalizado con una multa de 113,000 dólares en el Masters 1000 de Cincinnati por insultar a un árbitro. No obstante, parece que no le significó un castigo suficiente pues en el actual US Open criticó en rueda de prensa a la ATP y la acusó de “corrupta”. “Lo que hicieron hasta ahora no funcionó por lo que tal vez una suspensión sea la única solución”, afirmó el hombre de 81 años.
Más allá de las reprobaciones hacia las actitudes de Kyrgios, Laver aseguró: “Podría haber sido, o aún podría convertirse, en un campeón mundial debido a su capacidad de servicio, su juego, pero su cerebro se interpone en el camino”.

