Después de dejar en el camino a un Nico Jarry desfondado tras su gran ejercicio en Bastad, hoy el reto en el camino de Alexander Zverev se multiplicaba por dos. Enfrente estaba Federico Delbonis, otro especialista en el polvo de ladrillo, solo que al 100% físicamente preparado para la batalla. Pese a todo, no fue una de las guerras más duras del alemán, quien volvió a hacer los deberes en dos parciales (6-4, 7-6) para así colarse entre los ocho mejores del torneo de Hamburgo. Pinta bien lo que hemos visto hasta ahora del tenista local, aunque bien sabemos que lo más complicado está por llegar.
Se esperaba un partido duro y no solo porque enfrente estuviera el finalista de 2013. Seguro que lo recuerdan, aquella temporada catastrófica donde Roger Federer salió de Alemania por la puerta de atrás ante un Delbonis que aprovechó todas sus debilidades de espalda. Seis años después, el suizo nunca volvió a dejarse ver por aquí, pero sí el argentino, quien buscaba esta tarde su primer triunfo ante Zverev. Sin embargo, la cita le vino grande al principio, o quizá fue que Sascha entró con las cosas más claras. El teutón salvó sus primeras bolas de break en contra para luego aprovechar las que tuvo a favor. Rápidamente se puso por delante en el marcador y ya no volvió a temblar hasta llegar al décimo juego, el de verdad. Allí apareció un 15-40 que amenazó con mandar todo el garete, pero su aplomo desde la línea de fondo tuvo recompensa. Era un 6-4 discreto, sin alardes, nada definitivo.
Mientras tanto, en las gradas sonreía Boris Becker, siempre fiel a los torneos de su país, en este caso, uno de los más importante del circuito junto a Halle. Curioso verle por allí viendo a Zverev, sobre todo teniendo en cuenta la ausencia (una semana más) de Ivan Lendl, el hombre que sí está cobrando por ayudar al germano dentro de la pista. O esa debería ser su función, ya que los últimos resultados no han sido especialmente buenos. Del juego ya ni hablamos. Hay debate sobre la mesa y, de seguir así, veremos cuánto dura el checo en el equipo del número 5 del mundo, aunque también hace falta conocer cuántos días de trabajo tenían pactados. La cuestión es que el hombre que estaba allí era Becker y no otro, aunque lejos de su box.
Delbonis pensó que solo le quedaba un cartucho por gastar, así que mejor sacarlo cuando antes, mejor ahora que no cuando el rival le dejara más atrás. El azuleño salió entonado, con ganas de morder, con un 3-0 que hizo perder la mirada a Becker, quién sabe si pensando ya en un tercer set. Pero no tan rápido, dijo Alexander. Se puso el mono de trabajo al verle las orejas al lobo y empezó a remontar. Un juego, dos juegos, tres juegos. Con el fuego más candente apagado, un partido nuevo comenzaba. Aquí ya estaba todo repartido, el tren del argentino pasó, solo tenía que sacar el billete. Tuvo que ser en el tiebreak, más tarde de lo que debido, pero lo hizo. El de Hamburgo sacó tajada de un nuevo triunfo accediendo así a los cuartos de final, donde le espera Krajinovic.

