A la tercera va la vencida, uno de los refranes con más solera de nuestra sociedad. Y seguirá teniendo éxito mientras se siga cumpliendo, como hoy le pasó a Nicolas Jarry en el ATP 250 de Bastad. El chileno, que había perdido sus dos primeras finales en el circuito (Sao Paulo 2019 y Ginebra 2019) quería desquitarse de una vez por todas y limpiar el polvo de su vitrina. O mejor dicho, quería abrazar con toda su fuerza ese refranero que de vez en cuando todavía sirve de guía. El resultado, después de hora y media de pelea, no pudo ser más positivo. Victoria en dos mangas sobre Juan Ignacio Londero (7-6, 6-4) y esa sensación de haber dado uno de los pasos más importantes de su carrera. Hoy, por fin, ya le pueden llamar campeón.
Tres juegos, tres flechas del mismísimo Robin Hood. El partido empezó tan de cara para Jarry que muchos hasta pensaron que estarían de vuelta a casa para ver el telediario de las 15:00. El 3-0 en el marcador reflejaba la superioridad del chileno sobre el argentino, tirando continuamente con su saque y su derecha. Llamaba la atención la presencia que ha ganado en la red en esos últimos meses, cómo es capaz de caminar con firmeza hacia la cinta y hacerse gigante ante el rival. Eso, sumado a la dureza de su drive, nos recordaba por momentos a Del Potro, aunque sin un golpe tan plano. En fin, que de tanto flipar con Jarry en esos tres juegos, a punto estuvimos de no entender nada cuando le vimos afrontar dos bolas de set en contra.
El parcial no tardó en cambiar de acerca, con la reacción de un Londero que siempre se crece en situaciones bajo presión. Así fue como el jesusmariense igualó la contienda en 3-3 para luego forzar el tiebreak definitivo. Las tablas eran una realidad, ya no había ventajas, excepto cuando el argentino se colocó 6-4 por delante y dos bolas de set. Ambas las salvó su oponente, una de ellas con una defensa nadalesca y un revés cruzado al cuadro de saque que firmaría el propio Novak Djokovic. Un punto de locura que le dio alas para volver a sacar la cabeza del agujero y, ahora sí, sentencia una manga que nunca se le tuvo que haber girado tanto. El puño arriba y el grito al cielo, el primer trofeo ya estaba un poco más cerca.
La reanudación fue bastante parecía al primer acto en algunas cosas, pero también diferente en otras. En cuanto a Jarry, siguió dominando con su servicio, reservando su mejor energía para los golpes de derecha, empujando a Londero contra el panel de publicidad para luego sentenciar con su drive invertido. Era superior, era obvio, pero el marcador no se movía. Los seis primeros juegos se repartieron en igualdad, todo lo contrario que en el primer parcial. El cambio llegó precisamente aquí, con el 3-3, momento donde el argentino tuvo un despiste y se dejó ir. Era un quiebre tan importante que incluso él sabía que sería definitivo. La mala experiencia de las dos últimas finales le valió al de Santiago para no tropezar esta vez. Bastad tiene un nuevo campeón, uno que promete seguir recolectando copas en el circuito.

