Wimbledon 2019: Análisis final masculina, Djokovic-Federer

Capítulo 48 entre Djokovic y Federer. Analizamos la gran final de Wimbledon. Historia de la rivalidad y posibilidades tácticas entre ambos. 

Alejandro Arroyo | 13 Jul 2019 | 22.23
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Roger Federer y Novak Djokovic no se ven en la hierba de Wimbledon desde 2015, una consideración de igual calibre que la que debió hacerse para analizar el duelo entre Nadal y Roger, enfrentamiento que no se daba desde 2008. Aunque en 11 años hayan cambiado muchas más cosas que en cuatro, la importancia y la perspectiva con la que analizar el duelo entre el serbio y el suizo, los dos primeros cabezas de serie, es muy similar, pues Federer dejó de ser el mismo en 2017. Ahí comienza su nueva carrera.

Desde aquel momento, la plasticidad de los pensamientos de Federer ha mutado. Lo que antes eran losas ahora son relativas dificultades, entrando en el terreno de lo posible. Para Federer, enfrentar a Nadal o Djokovic a cinco sets se convirtió en un muro vertical de escalada sin arnés que exigía una plenitud física y mental ante la que pareció no estar preparado. Pero ante Rafa, Roger, su raqueta, su lesión de gravedad y su equipo técnico lograron armar un plan renovado que pasaba por afrontar de manera diferente los problemas y jugar al español con un planteamiento distinto, golpeando al revés de forma completamente opuesta a cómo lo había hecho.

Sin embargo, aunque tácticamente Roger sí tiene automatismos, herramientas y jugadas preestablecidas para lastimar al serbio, el dominio de éste último en lo mental y táctico marca la final del domingo en Londres. El número 1 del mundo consiguió frenar la versión 'Fedberg' entre 2014 y 2016, con cuatro enfrentamientos en Grand Slam y una clarísima superioridad del balcánico, con episodios bastante traumáticos -23 bolas de break desperdiciadas por el suizo en el US Open- y algunos correctivos increíbles -Australia 2016, con dos primeros sets alucinantes del de Belgrado-. Aquella versión estaba amortizada. Nole era el mejor del mundo con clara diferencia, y Federer, que se reinventó con un juego frontal y lleno de adrenalina, se estrelló por todos lados.

Por eso ahora queda ver qué tienen preparado ambos para encontrarle la vuelta al enfrentamiento, pues el suizo no gana a Novak en Grand Slam desde 2012. Otro nuevo desafío para el hombre que cumplirá en agosto 38 años. ¿Cómo responderá cada uno a los patrones tácticos que se han ido afianzando con el pasar de los años y los encuentros?

Repasando brevemente, Federer ha tratado siempre de abrir la zona de la derecha de Novak para atacarle con agresividad cuando allí hay espacio, un lugar que podría activar son su revés paralelo, golpe muy relacionado con lo mental viendo cómo lo sacó a pasear cuando se vio con Nadal. Los cortados de revés a la zona del cuadro de saque donde Nole avanza y se agacha desguarneciendo su zona de derecha, permiten a Federer con su drive invertido dominar el centro de la pista. Una constante en pistas muy rápidas -Cincinnati, ATP Finals-.

Djokovic, por su parte, siempre ha tratado de responder con su inconfundible juego de alta intensidad y constante profundidad, cayendo todos sus golpes cerca de la línea de fondo, conminando a Federer a realizar un juego que mezcle consistencia, intensidad y desgaste mental. Eso, a cinco sets, ha llevado a Djokovic, maestro del equilibrio y la solidez en todo su juego, a prevalecer con cierta comodidad. La pelota, en el tejado del helvético.

Una de las claves que diferencia a ambas rivalidades es que cuando Federer logra activar un modo ultragresivo -botepronto, anticipaciones constantes al bote, giros de muñeca y suicidios técnicos sólo recomendables en su raqueta-, consigue en Nadal un juego corto. Cuando a Rafa le fallan las piernas o no encuentra seguridad en sus golpes, trata de cepillar la bola y no logra profundidad. Y Nole, aquí, es muy diferente. Su defensa es más elástica ante el bote característico de la hierba, y aunque falla más en situaciones de dominio del rival, sus intercambios son de mayor profundidad. Los ataques de Federer, los más agresivos, tienen respuesta en Novak.

No obstante, el servicio y el resto vuelven aquí a tener un papel predominante. No es ningún secreto. Quien mejor porcentajes de primeros servicio y quien mejor reste el saque del rival tendrá muchas más opciones de controlar el ritmo del partido y la posibilidad de pasar al ataque. Y en hierba, quien pasa antes al ataque, convencido de ello, con confianza, tiene las de ganar. Y en ello tiene mucho que ver la gestión emocional de quien se tiene enfrente. Cuando Federer chocó con Wawrinka en Us Open 2015 o Murray en Wimbledon 2015, el suizo sacó a un nivel absolutamente histórico, pero en la final, ante Nole, su porcentaje bajó y Djokovic dominó con su formidable resto.

En lo concerniente al camino llevado en el torneo, Federer conectó su versión más instintiva ante Nishikori y Nadal. El suizo jugó de manera automática, a toda velocidad, moviendo la muñeca y la cadera para tocar la pelota nada más botar. Uno de sus grandes secretos y virtudes es ganarle tiempo al rival para dejarle sin posibilidad de defensa. Djokovic, por su parte, ha dejado también buenas sensaciones en lo que respecta a su juego, con algún problema puntual ante Bautista. Con las cartas sobre la mesa, Djokovic y Federer comparten un relato que está por volver a definirse o a reescribirse si Federer encuentra un plan renovado como ha hecho ante Nadal. Djokovic, en otra nueva oportunidad histórica de acercarse a Roger en la pugna por el trono, parte con la ventaja de saber que es Federer quien mueve ficha. Y Djokovic, puede que como mayor virtud existente en su tenis, sube el nivel y se adapta a cualquier pregunta que le hagan. El gran darwinista del tenis mundial.