Aliona Bolsova, una historia grabada en la piel
La española recorre su aventura personal a través de los seis tatuajes que se manifiestan en su cuerpo. “La gente se impacta cuando me ve, pero solo es tinta”.
Aliona Bolsova (Moldavia, 1997) aparece en la sala de jugadores del Mutua Madrid Open con un semblante que refleja las dos caras de la moneda. La española acaba de encajar una derrota dolorosa que le deja fuera del cuadro final del único torneo WTA que se celebra en nuestro país, sin embargo, su ranking hace tiempo que solamente sabe circular hacia delante, convirtiéndola en la sexta mejor raqueta femenina de España. Pero esta vez no hablaremos de sus resultados, su equipo técnico o su calendario, hoy solo nos centraremos en su personalidad.
¿Y cómo se puede abordar un tema tan complejo? Con Aliona es mucho más fácil que con el resto. Solamente viendo su brazo izquierdo, uno ya se percata de que la hispano-moldava es una tenista diferente a las demás. Esos tatuajes que asoman son solo un porcentaje de la tinta que aflora en su piel, una piel en la que habitan algunas de las experiencias más relevantes de su vida personal hasta llegar aquí.
En total son seis tatuajes repartidos entre el brazo, el hombro, la espalda, el torso y el muslo. Vayamos al origen. “El primero me lo hice en la espalda cuando tenía 16 años y es una frase que dice: ‘Los límites solo existen si tú se lo permites’. Era una adolescente, tuve varios problemas a nivel personal en esa etapa y me lo hice para recordar que cada uno tiene el poder sobre sí mismo, fue un mensaje de ánimo hacia mí misma para superarlo”, relata la actual número 140 del mundo.
El cuerpo de Aliona estaba libre de tinta hasta ese día, pero bastó un tatuaje para convertirlo en un refugio habitual para dibujos, formas y citas. “El segundo me lo hice al año siguiente, en el muslo, es una llave con una flor que solo se me ve cuando llevo pantalones cortos. Los primeros tatuajes que me hice tuvieron un significado fuerte y éste representaba el deseo de cerrar una etapa de mi vida, por eso la llave. Había sufrido episodios de bulimia, tuve discusiones familiares, decidí dejar el tenis y me marché a Estados Unidos. Quería aparcar todos mis traumas infantiles con una llave y un candado… aunque al final solo me hice la llave”, aclara la oriunda de Chisinau.
Apenas dos tatuajes bastaron para que aquella pasión se convirtiera en adicción. “Me encanta el arte y actualmente existen muchas maneras de representaciones artísticas. Ésta es una de ellas, sin duda. Los tatuadores son artistas y cada tatuaje es una historia, realmente me gusta marcar mi personalidad de esta manera. Me sorprende que no haya más tenistas con tatuajes, ahora mismo me vienen a la cabeza Hercog, Sabalenka, Pliskova, Svitolina… pero pocas más. Hay gente a la que le impacta cuando me ve, pero solo es tinta”, defiende la de 21 años.
Bolsova dialoga sobre el tema con una naturalidad que, lamentablemente, todavía no ha calado en la sociedad y mucho menos en el mundo del tenis. “Soy fiel a mi personalidad y creo que cada uno debería cuidar la suya. Me gusta distinguirme del clásico perfil de muñequita con falda, trencita, visera… ¡es que yo con la falda no puedo! Cada uno tiene su personalidad y hay que ser fiel a eso. Muchas veces me dicen: ‘Nunca podrás llevar un vestido de gala en un sitio formal por los tatuajes’. En pleno siglo XXI ya debería poder distinguirse tu personalidad de cómo funcionas luego trabajando, tu mentalidad. No deberíamos tener esos conceptos marcados, las apariencias a veces engañan”, recuerda la española, hablando siempre desde la experiencia.
Pero a esta historia todavía le falta pasar más veces por el estudio. “El tercer tattoo fue la leona, en el hombro. Me lo hice primero por mi nombre, mucha gente me llama leona o lion, y segundo porque me encanta lo que significa este animal. Si tú la ves, tiene un punto feminista, ella es la que va a cazar, la que manda sobre el león, transmite una imagen de fuerza y garra femenina, presencia. Nadie puede con ella, tiene el control de todo”.
Con el felino ocupando su hombro izquierdo, fue cuestión de tiempo terminar arropando el resto del brazo con nuevos motivos artísticos. En este caso, una palabra que destaca por encima de todo: ‘Autenticidad’. “La autenticidad en la gente es algo muy importante para mí, necesito que la gente a mi alrededor sea auténtica, no soporto la falsedad y en este mundo del tenis hay muchísima. Por eso el circuito a veces es tan agotador, porque si no estás con gente de verdad, todo se vuelve más complicado. Hoy por hoy, tengo la suerte de rodearme de personas verdaderas, sinceras y con valores. Hay mucha gente que habla de valores y los publica en internet pero, a la hora de la verdad, no los aplican. Me encontré mucha gente en mi vida que no fue clara conmigo y ahora tengo muy claro a quién quiero cerca y a quién no”, subraya Aliona, marcando siempre su personalidad.
Esa personalidad, sin embargo, no tomó su forma final hasta que con 17 años decidió dejar el tenis y cambiar su rumbo por completo. Se instaló en Estados Unidos, comenzó a estudiar y se liberó de agentes tóxicos. “Estaba súper quemada del tenis, lo odiaba. Me habían obligado a jugar y cuando vi la oportunidad de decir basta ni me lo pensé, decidí aprovechar el tenis para irme a Estados Unidos a estudiar una carrera, allí lo vi todo diferente. Maduré, crecí como persona, todas aquellas circunstancias me hicieron fuerte y me convirtieron en lo que soy hoy en día”, asegura.
Lo que no cambió fue su amor por la tinta. “Este es de los últimos que me hice, aunque todavía falta por terminarlo”, advierte mientras señala un mosaico de flores en su brazo izquierdo que forman el dibujo de un escorpión. “Soy Escorpio de signo del zodíaco y la verdad es que coincide mucho cómo soy yo y cómo definen a los escorpiones, me hizo gracia y me lo hice. Luego tengo otro en el entrepecho que me lo hice con una amiga, es un símbolo que significa resiliencia. Me considero una persona luchadora, cuanto más me putean, más fuerte me hago. Eso sí, ¡fue el que más dolió!”, recuerda entre risas.
Su último tatuaje se encuentra en las costillas, una palmera que se hizo cuando estuvo viviendo en Florida, aunque ni mucho menos será el último. “Tengo en mente tatuarme a la diosa Isis del antiguo Egipto, es como la jefa de todos los dioses, otro símbolo feminista”, afirma Bolsova al final de la entrevista. Será un tatuaje más en el historial de una jugadora única. Así es Aliona, una personalidad que se eleva por encima de cualquier oficio, estereotipo o cliché artificial.