Nunca es fácil enfrentarse a un amigo, y mucho menos en una situación tan particular como es la despedida del tenis profesional. David Ferrer está haciendo gala de una actitud tremendamente profesional en sus últimos compases como tenista profesional y salió a la pista convencido de sus opciones de dar la gran campanada. Qué mejor manera para poner punto y final a su trayectoria en Barcelona que enfrentándose a su gran bestia negra en este torneo, al mejor jugador de la historia sobre tierra batida. Rafael Nadal fue consciente desde el inicio del gran nivel de tenis que viene demostrando el de Jávea, y de la necesidad acuciante que tenía de desplegar un tenis mucho mejor que contra Mayer. Lo hizo por momentos, a destellos, alternando brillantez con falta de intensidad y confianza, pero siendo suficiente para sumar un partido más y tener la posibilidad de revertir las malas sensaciones que le inundan en los últimos días en el ATP 500 Conde de Godó 2019.
Con el susto en el cuerpo al haberle visto algo molesto durante el entrenamiento en su muñeca izquierda, Nadal comenzó algo timorato y con dificultades para imprimir velocidad a sus golpes. El ambiente nublado y húmedo hacía que las condiciones fueran muy pesadas, algo que resta efectividad a los efectos endemoniados del balear y le obliga a redoblar sus esfuerzos. El inicio del encuentro se parecía mucho a lo que se vio contra Leonardo Mayer, aunque poco a poco fue adquiriendo un tono más positivo. Ferrer jugaba con intensidad y nobleza, procurando asumir la iniciativa y jugar agresivo. El partido estaba frío, sin grandes intercambios y con los dos contendientes midiéndose y adquiriendo ritmo poco a poco. David rondó el break en los dos primeros turnos al servicio de Nadal, pero fue el de Manacor quien acabaría dando un golpe sobre la mesa y adquiriendo ventaja.
En el marcador campeaba el 5-3 cuando la lluvia arreció y obligó a que se parara el encuentro. Más de 45 minutos transcurrieron hasta la reanudación, y con ella se entró en una nueva dimensión. Nadal cerró el set con maestría y parecía ya haber alcanzado su habitual versión. Encadenó tres juegos consecutivos antes de otra laguna en su tenis que le devolvió a Ferrer la igualdad en el segundo parcial. Sin embargo, había perdido algo de chispa Ferrer y una nueva escaramuza de buen tenis por parte de Rafa, le devolvió la ventaja de break. Las dudas fueron disipándose poco a poco y Nadal mantuvo su supremacía hasta el final con un tenis mucho más intenso y preciosista, prolífico en dejadas, subidas a la red y dominio de fondo de pista. La batalla fue encomiable en el tramo final, con tres bolas de partido levantadas por Ferrer antes de claudicar.
Triunfo agridulce por 6-3 6-3 para un Rafael Nadal al que no le habrá sido nada agradable ser el último verdugo de su amigo. Parece evidente que el balear no está en su mejor momento y que necesita partidos para recuperar la confianza y el ritmo perdidos. Ya en cuartos de final del ATP 500 Conde de Godó 2019, el mejor jugador de la historia en polvo de ladrillo espera al ganador del duelo entre Tsitsipas y Struff, con la sensación de que las cosas han mejorado ya hoy, pero tendrán que mejorar aún más si quieres tener opciones de ganar el torneo. David Ferrer se despide del ATP 500 Conde de Godó 2019 habiendo luchado hasta el último punto, dando muy buena imagen y haciendo gala a lo que fue, es y será siempre: una leyenda del tenis.

