Naomi Osaka no se cansa de crecer

Impresionante ejercicio de madurez de la japonesa, que se recompuso tras desaprovechar 3 pelotas de campeonato y se lleva una final asombrosa ante Kvitova.

Jose Morón | 26 Jan 2019 | 12.15
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Final de alto nivel y alta intensidad la que nos han ofrecido Naomi Osaka y Petra Kvitova en el Open de Australia. Las dos ofrecieron una auténtica montaña rusa de alternativas y lucha por tomar la iniciativa de cada punto, yendo hacia arriba con todo. La checa salvó tres pelotas de partido en el segundo set y forzó la manga decisiva, pero la japonesa se recompuso y logró llevarse la victoria en una final mágica, decidida por 7-6 5-7 6-4.

El partido comenzó con mucha igualdad e intercambio de golpes desde el fondo. Pronto, las dos empezaron a demostrar por qué han sido las mejores en cada lado del cuadro y en la primera manga llegamos a ver tenis de muchísima calidad, con algún punto que incluso llegó a levantar al público. La checa presionaba muchísimo con los segundos saques de la japonesa y llegó a disponer de varias bolas de break a base de ganadores al resto o presionando con bolas profundas desde el primer intercambio pero Naomi, como si llevara 10 años en el circuito y con una tranquilidad que asustaba, las salvó todas y cada una de ellas de forma asombrosa.

El ritmo de bola que imponían era rapidísimo y Osaka contrarrestaba siempre muy bien los golpes angulados de una Kvitova que veía cómo la táctica que le había servido a la perfección durante todo el torneo no le estaba dando los réditos que esperaba ya que la pelota siempre le regresaba. Así pues, la manga no tuvo otra forma de decidirse que en el tiebreak donde Naomi sacó la varita para dejar algún golpe mágico y silenciar a una Kvitova que solo pudo hacer dos puntos en el desempate.

La checa tendría que remar mucho si quería llevarse la final, no solo por ir set atrás sino porque la nipona asustaba con el récord que tenía al ganar el primer set de sus partidos, habiendo ganado los 59 últimos encuentros donde se llevó la primera manga. No comenzó nada mal, ya que le rompió el saque a Naomi al comenzar el segundo set pero la japonesa está hecha de otra pasta y tras un juego maratoniano y de una intensa lucha, la pasada ganadora del US Open le devolvió el quiebre y volvió a igualar todo.

Acusó el golpe Petra, que se fue totalmente del partido y volvió a recibir otro break a continuación, perdiendo su saque en blanco ante una Osaka cuyos gritos retumbaban en toda la Rod Laver Arena al ver cómo se despegaba en el marcador y se acercaba cada vez más a la victoria. La checa se mostraba un poco lenta de piernas y todo parecía finiquitado cuando Naomi dispuso de tres pelotas de campeonato al resto pero la checa todavía no dijo su última palabra y se serenó para darle la vuelta a la tortilla frente a una Osaka que entonces fue ella la que se fue del partido al perder la oportunidad de cerrar la final y recibió un quiebre cuando sacaba para llevarse el título. Eso le hizo perder la compostura y la concentración, volviendo a sufrir un break que le entregaba el set a la checa.

Siempre hablamos del físico, de los golpes y de otras facetas del juego pero a veces nos olvidamos de lo importantísimo que es lo mental en el tenis. Petra se hizo grande justo en ese momento donde tantos otros se arrugan y su lenguaje corporal hablaba de que no iba a rendirse hasta el último punto. Osaka volvió a demostrar que su cabeza es mucho más madura que esos 21 años que dice su pasaporte y no solo logró aterrizar de nuevo en la pista, sino que tuvo el temple necesario de frenar la sangría de juegos que iba cayendo del lado de la checa y logró un break al inicio del set decisivo, ventaja que lograría mantener, esta vez sí, para ganar el partido y convertirse de nuevo en ganadora de un major.

Impresionante el crecimiento de Naomi Osaka, que hace justo un año era la 72 del mundo y casi nadie la conocía. 12 meses después es la número 1 del mundo, habiendo ganado de forma consecutiva los dos últimos Grand Slams. La japonesa no deja de asombrar al mundo con su juego y su particular personalidad y se convierte en la primera asiática en convertirse en la mejor jugadora del mundo. Naomi no se cansa de crecer y asusta ver todo lo que está logrando a su edad.