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Grigor Dimitrov, un maestro despojado de su cátedra

Analizamos la debacle del búlgaro esta temporada y rememoramos otros ejemplos de Maestros que no se clasificaron para la edición siguiente.

La de Grigor Dimitrov es una historia de permanente sinsabores, de "sí pero no", de expectativas no cumplidas y sensación de que su tenis nunca alcanzará lo que prometió. El búlgaro lleva años en el foco mediático; primero, fue considerado el relevo natural del BigFour (o five o three, como prefieran), el hombre que arrasaba en categoría junior con un juego tan preciosista como efectivo, la versión moderna del tenis de Roger Federer que arrasaría en el circuito ATP y comenzaría una nueva era. Pronto, la cruda realidad se topó en su camino y manifestó que necesitaba tiempo. Éste fue pasando, con años buenos como el 2014, con retrocesos incomprensibles como en 2015, con episodios rocambolescos como una final perdida por autoexcluirse rompiendo raquetas de la frustración sentida, y en definitiva, con más penas que glorias.

El 2017 parecía ser el año de su eclosión definitiva y en el tramo final así lo confirmó. Título en el Masters 1000 Cincinnati 2017 y hazaña en las Nitto ATP Finals 2017; lo que para la mayoría se antojaba como el inicio de algo realmente grande en su carrera, ha supuesto un abrupto final. Lo que era un salto cualitativo, se ha convertido en un hundimiento. Desde el inicio de la temporada, el búlgaro ha lucido un tenis apagado, triste, sin chispa e inseguro. No parece jugar con margen, transmitiendo la sensación de estar al límite en todo momento, y así es muy difícil jugar. La presión que suponía sentirse obligado a hacer una buena temporada para poder defender su título le ha podido, y el búlgaro no ha estado ni cerca de poder clasificarse para las Nitto ATP Finals 2018.

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Clasificado como 22 en la Race to London, su ranking caerá de manera abrupta al finalizar la temporada y se convierte en el séptimo vigente campeón del torneo desde 1980, que no se clasifica para la disputa del mismo en su siguiente edición. El anterior fue Andy Murray en 2017, pero su ausencia estaba justificada por la lesión que sufrió en la cadera y le privó de jugar media temporada. Para encontrar el otro precedente en el siglo XXI, hay que remontarse al 2003, cuando Lleyton Hewitt sufrió un desplome en el año siguiente a terminar como número 1 del mundo y ganar el torneo que reune a los ochos mejores de la temporada. Álex Corretja (en 1999 acabó el 26 del mundo), Michael Stitch (en 1994) Boris Becker (11 al terminar el 1993) y Bjön Borg (en 1981, con la mente en otra parte tras perder la mítica final de Wimbledon ante McEnroe) son los otros campeones que no encontraron la posibilidad de rendir a su nivel al siguiente año.

Triste final de temporada para Grigor Dimitrov, carente de argumentos para no ya competir contra los mejores, sino hacer valer su ranking y potencial ante rivales de mucha menor entidad, contra los que ha cosechado derrotas dolorosas en todo contexto durante este 2018. ¿Volverá el búlgaro a encontrar la manera de sacar su mejor tenis? ¿Le bastará para volver a estar entre los mejores al final de una temporada? Son las preguntas que rondan por la cabeza de todos los aficionados.