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La difícil relación de Nadal con la pista dura

Alejandro Arroyo - 20 sept 2018 | 19:25

La relación entre Rafael Nadal y la pista dura cada vez es más complicada: sólo ha podido completar uno de los últimos 13 torneos.

Rafael Nadal cumplirá 33 años en 2019. Y tras 2015 y 2016, su nivel ha mostrado ser tan bueno como el del mejor. Ha recuperado el número 1 en varias ocasiones, ha levantado tres títulos de Grand Slam de los últimos ocho y ha mostrado tener suficiente energía en el tanque, principalmente mental, para afrontar un tramo de carrera que necesitará de decisiones tan difíciles como importantes a nivel de calendario. Jugarlo todo no es una opción y su castigado cuerpo necesitará de momentos de respiro.

Así, configurando, como era previsible, su calendario en torno a a la primavera y la tierra batida, cargando esos meses con grandes citas sobre arcilla, su rendimiento ha vuelto a ser en 2018 absolutamente extraordinario. Además, ha jugado y llegado a los cuartos de final en los cuatro grandes por primera vez desde 2011. Las decisiones tomadas desde 2015, contratando a Carlos Moyà y decidiendo saltarse algunos torneos concretos serán ya costumbre en lo que queda de su carrera.

Sin embargo, la pista dura se le ha resistido en la parte final de 2017 y en este 2018. Desde el Masters 1000 de Shanghai, en cuya final ya jugó con serios problemas en su rodilla, el balear ha ido encadenando mucho problemas para poder rendir bien en pistas duras. Si en Basilea decidió bajarse antes del torneo, en Paris-Bercy y en el Masters de Londres tuvo que renunciar una vez comenzado cada torneo. En la capital francesa dio walkover en cuartos de final, mientras decía adiós en la ‘round robin’ de la Masters Cup.

Y 2018 no ha sido demasiado diferente. Entre retiradas en mitad del partido, abandonos previos a un partido a disputar (walkover) y renuncias a torneos que tenía pensado jugar, el número 1 del mundo sólo ha podido completar un torneo en pista dura de los últimos 13. Y es que en aquella ocasión que pudo competir con garantías, consiguió la victoria, en Toronto, venciendo a Tsitsipas en la final.

La temporada comenzó en Australia, renunciando a jugar en Brisbane y con retirada ante Cilic en cuartos de final del Open de Australia. La lesión le impidió competir en las siguientes tres citas, todas ellas realmente importantes. Nadal viajaba a Acapulco, pero tenía que bajarse del torneo al sentir dolores en el psoas-iliaco, lugar donde sufrió un pinchazo en Melbourne. Indian Wells y Miami, paradas importantísimas, tampoco contaron con la presencia del de Manacor.

Desde Miami a Toronto, Nadal cosechó múltiples títulos, un nuevo Roland Garros y unas semifinales de Wimbledon en las que a punto estuvo de derrotar a Djokovic y meterse en una nueva final del major británico. Después, Canadá. Donde Rafa dijo no haber jugado tan bien como esperaba pero que servía, y de qué manera, para intentar asaltar el US Open. Esa victoria trajo consigo una decisión inteligente, bajándose de Cincinnati para descansar y preparar el US Open. Tanto desgaste durante tantas semanas en pista dura podía comprometer su físico y su rendimiento.

Así, en las semifinales del US Open 2018, ante Del Potro, la rodilla volvía a darle severos problemas. El español se retiraba tras dos sets y semanas después, en el día de ayer, comunicaba que no podría disputar los torneos de Beijing y Shanghai. En total, un torneo completado en pista dura de los últimos 13. Su físico, su edad y la agresividad que la superficie provoca en sus articulaciones, están impidiendo a Nadal poder competir y completar torneos sobre cemento.