La jugadora alemana Angelique Kerber se proclamó campeona de Wimbledon 2018 con un plan de partido ya muy reconocible y estratégico ante una renovada Serena Williams que nada pudo hacer ante el buen hacer de su rival. La germana volvió a cumplir, punto por punto, las directrices de un plan de juego siempre agresivo, preciso en su manera de atacar, brutal definiendo con su revés paralelo a dos manos y concentradísima y acertadísima con su servicio. Estas fueron las claves que dieron a la alemana su primer título en Wimbledon, tras la derrota sufrida hace dos años ante precisamente ante la menor de las Williams.
Break de entrada. El primer juego del partido fue un aviso. Para Kerber, arrancar rompiendo y consolidar con su saque supone una ventaja mental que provoca poder comenzar a arriesgar y atacar anticipando todos los golpes, abriendo la pista con asiduidad. No se lo esperaba para nada Serena el gran comienzo de su rival, pero con el paso de los minutos comenzó a equilibrar el partido. En los momentos cumbre del partido volvió a aparecer la figura de la Kerber campeona que provocó que el primer set cayera de su lado. El resto del partido ya sabemos como concluyó.
Concentración. Cuando te enfrentas ante una de las mejores jugadoras de la historia, la concentración se antoja vital para las aspiraciones de dar la sorpresa. La final vio a una Kerber muy concentrada, perfecta en su defensa donde es reconocida por ser una de las tenistas que mejor defiende en el circuito, recuperando metros con naturalidad y enfocado en golpear cada pelota siempre en el momento justo para hacer la pista muy veloz. Todo lo que hizo Kerber durante el tiempo que duró la final fue al máximo nivel. Mental y físicamente estuvo impecable y es por eso por lo que se llevó el título de campeona.
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Ambición. Está claro que ambas jugadoras querían ganar la final pero la posibilidad de que Kerber se hiciera con su primer título en el All England Club le impulsó más que el bonus de felicidad que hubiera supuesto para Serena ganar su 24º Grand Slam. Y es que la norteamericana sabe que si juega a un nivel de juego parecido al de estas dos semanas, ese vigesimo cuarto título major llegará tarde o temprano.
El saque. La agresividad es el elemento imperante en el juego de Serena Williams, pero es muy difícil llevar la iniciativa de los puntos y hacerse fuerte en los juegos al servicio si solo se ganan un 63% de primeros servicios y un 31% con tu segundo. No vio huecos al otro lado de la red sin poder desbordar por potencia a una Kerber que se mostró intratable con el servicio y muy acertada en el resto.

