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Zverev, en busca del equilibrio definitivo

Alejandro Arroyo - 23 may 2018 | 22:36

Alexander Zverev tratará en París de mostrar una versión que le acerque al equilibrio necesario para ganar Roland Garros.

Quién sabe lo que Juan Carlos Ferrero y Alexander Zverev podrían haber mejorado juntos en esta gira de tierra batida. Valenciano y alemán no coincidieron en ningún evento sobre arcilla en los que la experiencia del exnúmero 1 del mundo sobre la superficie hubiera supuesto para el talentosísimo jugador germano, pues la unión entre ambos nacía, entre otras cosas, con el potencial de hacer crecer a Alexander como jugador, pero también como 'terricola'.

No obstante, esta gira de arcilla le ha permitido a Zverev ubicarse como el número 1 en la Race, síntoma del crecimiento de un jugador al que sólo los Grand Slams, el paso más importante, le viene quedando pendiente. Llegado a Roland Garros, a un Grand Slam, de nuevo, con las expectativas muy elevadas, el presente del alemán se fragua en base al manejo emocional de un contexto con el que fue 'castigado'. Zverev nació para dominar el tenis y ese es el destino para el que su calidad le ha concebido.

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Cuando Zverev arribó al circuito y comenzó a jugar semana tras semana cuadros finales ATP, su cuerpo no estaba preparado. Sascha había afirmado que necesitaba poner su cuerpo listo para resistir esfuerzos físicos de cuatro partidos de media por evento y muchos torneos al año, para conquistar la regularidad y la costumbre dentro de un cuerpo fino, espigado y necesitado de masa muscular. Con ello, debería de llegar la resistencia y el hábito a partidos largos. Es en el terreno mental donde aún le queda por mejorar.

Y nada mejor que la tierra batida para dar pasos al frente. En el momento en el que el tenista no sólo no se cansa física sino tampoco mentalmente, la tierra batida pasa a verse como un terreno conquistable. Sin embargo, en el plano táctico, Zverev sigue en el proceso de conocer todos los entresijos de la tierra. Si bien siempre entrenó sobre arcilla en etapas formativas, su capacidad para implorar tiros de enorme potencia le tientan a finalizar algunos puntos antes de tiempo. Su revés paralelo, seguramente el gran secreto del tenis una vez el punto se elabora y pasa varias veces de campo, le permite imponer veto y acabar puntos con independencia.

Por eso, París debe ser el momento que refrende lo que ha pasado entre Munich, Madrid y Roma. El alemán tendrá que saber diferenciar inercia ganadora, el microclima táctico imperante en Madrid, al abrigo de la rápida Caja Mágica y la remontada de Nadal en la final de Roma. El formato de cinco sets y las expectativas de ganar con solvencia en la primera semana, como los cracks, para no llegar desgastado a la segunda semana, serán puntos a analizar en el devenir próximo del actual líder de la clasificación anual de 2018.

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Por sus características físicas y técnicas, Zverev parece encaminado a jugar sobre arcilla desde un punto estilístico similar, aunque con mayor énfasis en la quinta marcha y la potencia, al del mejor Novak Djokovic, anticipando los golpes, jugando sobre la línea y no tanto por detrás. Zverev es un jugador dominante, que en parado genera más velocidad que a la contra, una dificultad que sólo los elegidos convierten en virtud. Por tanto, afilar y concretar su repertorio técnico consumiendo vida a cada bote y variando direcciones sin repetir parece su escenario más propicio. Su personalidad, además, se relaciona con posiciones y actitudes muy dominadoras, siendo ambicioso y orgulloso en su tenis, y seguramente sea así como mejor desarrolle su talento en tierra.

Tocará comprobar cómo de preparada está su retaguardia cuando tenga que trabajar puntos de 20 tiros durante cuatro o cinco horas, un contexto que seguramente tendrá que afrontar en la era del más grande sobre tierra.

¿Está Alexander Zverev preparado para gestionar las expectativas, dominar tácticamente y sacar partido de momentos de mucho desgaste?