Alcanzar una meta que llevaba tiempo anhelándose y parecía un imposible, tiene la contrapartida de que en el siguiente asalto puede acusarse el esfuerzo mental y físico invertido. No es el caso de las grandes estrellas, de esos jugadores que parecen destinados a hacer algo importante y esto es lo que ocurre con Dominic Thiem en tierra batida. No es un aspirante más el austriaco, sino el mejor en el mundo de los terrenales y con la capacidad de ganar al Dios de la tierra batida y, al día siguiente, ponerse el mono de trabajo y jugar con eficacia y humildad ante Kevin Anderson.
El Mutua Madrid Open 2018 tiene un digno finalista y no ya por haber ganado a Nadal o ser capaz de confirmar las buenas sensaciones esta tarde ante el sudafricano, sino por su capacidad de sufrimiento durante la semana y de ir creciendo en su tenis poco a poco. Hoy el sufrimiento dejó paso a la diversión. Volvió a sentirse el amo y señor de la pista, a demostrarse a sí mismo que sus potentes golpes liftados y cambios de ritmo son difícilmente gestionables por cualquiera.
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Lo intentó con ilusión el bueno de Anderson pero se vio con un break en contra a las primeras de cambio. Siempre fue a remolque, no solo en el marcador sino también en cuanto a sensaciones en pista. El austriaco dominó de fondo, cambió ritmos con dejadas magistrales y supo salir de un atolladero cuando sirviendo para ganar el primer set se vio con 0-40 en el marcador y encadenó cinco puntos consecutivos.
Las cosas fueron aún más claras en el segundo set, donde la falta de esperanzas del sudafricano fue manifiesta desde el inicio. No hacía daño con su saque y era incapaz de sacar de su zona de confort a un Thiem muy inspirado. Apenas hubo batalla ante la exhibición de poder de un Dominic Thiem que se dio un homenaje y que apunta con fuerza al título en el Mutua Madrid Open 2018. Triunfo por 6-4 6-2 por parte del austriaco, que espera rival y lo hace con la seguridad de estar en plenitud de confianza.

