Puede decirse que Rafael Nadal tuvo que elevar sus prestaciones en una primera ronda que en su previa no parecía tan complicada y que acabó con un doble 6-4. Si bien Carballés conoce el manual de la tierra batida, su nivel de arrojo, acierto y agresividad denotó una preparación fantástica del partido y de hacer todo lo que un tenista tiene en su mano para competir al máximo nivel. El balear requirió de ciertos tirones y aceleraciones para no llevarse un susto. Durante varios tramos, Carballés jugó realmente bien.
En el día previo, el tenista tinerfeño aludió al hecho de atacar en cada momento para no ser movido y castigado de lado a lado de la pista. Y a fe que lo llevó a rajatabla, con una determinación en cada detalle digno de elogio. Carballés perdió pista lo menos posible, abrió con el paralelo y activó su revés cruzado más agresivo para generar tiros ganadores y repartir la iniciativa. La manera de golpear el revés, de hecho, echándose hacia delante con la pierna por delante para seguir generando potencia ante el drive liftado de Nadal igualó las cosas en los intercambios.
Prueba de ello fue el 2-0 de arranque que pilló a Nadal a la distancia, aún ajustando algún metro de pista y sus golpes de ataque. La reacción no tardó en llegar, ni mucho fue el encuentro un paseo. Ambos jugadores mostraron una actitud extraordinaria, en un relevo de transiciones defensa-ataque y ataque-defensa que hizo lucir cada punto. La intensidad, la duración de los puntos y la variedad en las direcciones demandó un desgaste físico y un ritmo de golpeo muy alto durante los 20 juegos que duró la cita.
En otras circunstancias, Carballés podría haber generado dudas pero la respuesta de Nadal estuvo a la altura. El número 1 del mundo activó las piernas y las manos y comenzó a dibujar auténticos misiles, ajustados a las líneas. Alejados los nervios, Carballés no se marchó del partido, no hubo un segundo set sencillo, y vio al mallorquín imprimir potencia con total tranquilidad. Su estado de confianza le permitió desequilibrar con pasmosa facilidad.
Sin dar la sensación de forzar la máquina, el balear tuvo que seguir remando, sin fisuras ni desconexiones, para encauzar el desarrollo del partido y progresar. No obstante, el propio Nadal comentó al finalizar el choque no haberse encontrado bien sobre la pista. La diferencia en las condiciones de viento y de tierra no le hicieron sentirse bien a Nadal, sin las sensaciones que encontró en el Principado.

