A veces, hay que volar para saber dónde volver

Djokovic regresará en Montecarlo junto a Marian Vajda, su entrenador de toda la vida y es que a veces es buena idea dejar que las heridas se curen antes de volver.

Todos hemos tenido un primer amor. Los hay que incluso ese primer amor han sido el único que han tenido en la vida. Creo que todos recordamos a esa primera persona que nos gustó y estuvo a nuestro lado en nuestros inicios y lo mucho que lloramos en su día cuando finalizó. Creímos que nunca lo pasaríamos tan mal como aquella vez aunque el paso del tiempo nos enseñó que el último amor duele tanto -o más- que el primero. A veces, es bueno dejar que ciertas heridas curen para regresar a los brazos de ese amor. Quizá no era el tiempo o el momento, o quizá se cometió algún error que provocó la separación pero lo importante es saber aprender de aquello y ponerle solución.

Pronto se cumplirá un año desde que Novak Djokovic tomara la sorprendente decisión de romper con todo su equipo técnico. Así pues, su preparador físico, Phil Gritsch y su fisio, Miljan Amanovic, quedaron fuera del staff junto al nombre más sorprendente de todos, el de su entrenador de toda la vida, Marian Vajda. Fue una década junto al tenista serbio. Una década donde se consiguieron los 12 títulos de Grand Slam entre otras docenas más de títulos y que le situaron como mejor tenista del mundo durante varios años y uno de los mejores de toda la historia. "No ha sido una decisión fácil, pero todos sentimos que necesitábamos un cambio", escribió Djokovic tras confirmar la ruptura.

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A veces, para avanzar, hay que mirar al pasado y ver lo que nos movió en ese momento para tomar la decisión. De ahí, se puede aprender a subsanar los errores. "Siento que estoy en un nuevo capítulo de mi vida. Siempre fui hacia adelante y siento que el camino hoy me lleva a otra dirección diferente", continuaba Djokovic. "Voy a tomarme mi tiempo para encontrar a la persona adecuada con la que pueda conectar profesionalmente", completaba. Nole quería conocer a otros profesionales que le pudieran aportar algo nuevo, pensando que Vajda y el resto del equipo ya habían completado un ciclo. Cuando dos personas se conocen tanto y llega la rutina a sus vidas, a veces pensamos que la relación es imposible que avance más y creemos que la solución es separarse y encontrar en alguien nuevo aquello que nos falta.

Y de esta forma, Novak se rodeó de varias nuevas personas. Andre Agassi haría la labor que Boris Becker hacía en su día como Supercoach, mientras que Radek Stepanek viajaría con él a todos los torneos y viviría más el día a día junto al tenista de Belgrado. La nueva ilusión estaba ahí; los nuevos proyectos; las nuevas promesas; los nuevos sueños. El problema fue que en la vida no siempre ocurre lo que creemos. A veces, también pasa todo lo contrario.

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Una inoportuna lesión en el codo, problema que ya venía arrastrando desde hace tiempo, apareció con pinta de permanecer durante mucho tiempo. Esto impidió que el ambiente dentro del equipo fuese el ideal, al no poder competir al 100% de posibilidades. Agassi terminó marchándose por algunas desavenencias con Djokovic a la hora de tratar su problema físico. Djokovic, con experiencia pasada y con su personalidad hecha por completo, quizá no esté dispuesto a hacer ciertas cosas a estas alturas de la película. Nuestro carácter. Ése que tan perfecto era para la otra persona y al que estaba habituado ya no resultaba tan idílico para la nueva. El norteamericano, antes de discutir y seguir en una situación contraria a sus ideas, prefirió irse y eso dejó solos a Nole y Radek. Quizá el serbio reflexionó durante varias noches sobre si era el checo quien quería que estuviera a su lado para acompañarle en este viaje. Quizá se dio cuenta que no. Que aquello no iba. Es en esas noches cuando uno se acuerda de ese primer amor. O, en su defecto, del último al que dejó ir. El mismo que pensamos un tiempo atrás que no daba más de sí, que no avanzaba, ése mismo lo empezamos a echar de menos.

"Me equivoqué dejándolo ir", llegamos a pensar. Puede que la herida del pasado ya haya curado y ahora veamos las cosas desde otro prisma. A veces, es necesario pasar el dolor en su máxima expresión para saber lo que se siente. Necesitamos bajar a los infiernos para saber cómo quema. Pero no hay nada como darse cuenta a tiempo para rectificar. El ver a Djokovic junto a Vajda el pasado fin de semana fue una grata noticia para sus fans que han acompañado a Nole en este viaje durante los últimos 12 meses donde han sufrido con él este mal momento. El serbio les volvió a dar un motivo por el que sonreír e ilusionarse.

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Nuestro primer amor (o nuestro gran amor) nos conoce mejor que nadie. Nos acepta cómo somos y sabe lo que necesitamos en esos momentos en los que estamos peor. Nadie como Vajda en este mundo conoce mejor deportivamente a Djokovic y puede que regresar a él sea la mejor decisión. Montecarlo les verá juntos de nuevo. Y es que a veces, no hay nada como dejar que pase el tiempo para que las heridas se curen. Toda herida, con tiempo, acaba cicatrizando. Todo pasa. Y al final, sólo queda la marca, como todas esas muecas que le quedan al serbio en su maltrecho codo, para recordarnos lo mucho que sufrimos pero también, lo fuerte que fuimos para superarlo y dejarlo atrás definitivamente.

De la mano de Vajda, vuelven los recuerdos de tantas noches gloriosas. De aquellos días donde todo era felicidad. Ahora sólo queda mirar hacia adelante con ilusión y esperanza, sabiendo que se han cometido errores pero teniendo muy claro a dónde se quiere llegar y qué se debe hacer para no volver a cometerlos. Y es que a veces no hay nada como volar para saber dónde volver, hay que volver para saber dónde quedarse y, lo más importante de todo, con quién hacerlo.

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