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Las puertas de palacio se abren para Jarry
El chileno es uno de los tenistas menores de 23 años con más victorias en este 2018. El Príncipe quiere codearse entre los mejores.
Su sólido servicio y su derecha explosiva le han permitido dar un paso de gigante al frente. Hace meses, pocos imaginaban ver a Nicolás Jarry dónde está. El tenista criollo empezó el año en el lugar 113º del ránking, pero a pocos le ha sentado tan bien la entrada del nuevo año. Ahora su abuelo, Jaime Fillol, ex-tenista y el mejor en la década de los 70 en el país chileno, reconoce su crecimiento: “Ha mejorado casi todo: su potencia, mentalidad y también la madurez. Se ha dado cuenta de que tiene características propias y casi exclusivas gracias a su físico. Tiene una habilidad motriz y técnica muy buena”.
Con 198 centímetros de altura, los pasos de Jarry esta temporada sí van acorde a su exuberancia física. El chileno es el segundo tenista sub-23 con más victorias en 2018. Son 14 victorias en 21 partidos, las mismas que Alexander Zverev y Borna Coric y solo 4 menos que las de Hyeon Chung, una de las sensaciones positivas esta temporada.
Para los que lo conocen, este ascenso meteórico no viene de sorpresa. Al final de la temporada pasada, Jarry no conocía la victoria en el circuito ATP, pero sí ganó tres torneos Challenger (Medellín, Quito y Santiago). Terminó el año metiéndose en el Top-100 y esta evolución ha proseguido por el buen camino. En el presente año, Jarry ha alcanzado los cuartos de final en el ATP de Quito, las semifinales en Río de Janeiro y la final en São Paulo además de su primera victoria en un Máster 1000 ante Cameron Norrie. Todo esto le permitió escalar peldaños hasta el puesto 61º del ránking, tres posiciones más arriba en la que ahora se ubica.
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El propio Nico, el mayor de 5 hermanos en la familia Jarry-Fillol, sabe lo que cuesta ganarse el pan. “Jugar tenis es más difícil que ser famoso”, reconoce. En su lado más íntimo, nada tiene que ver con el Jarry tenista. Nico es sencillo, tranquilo y familiar. Se considera un artista, él y todos los que dominen el arte de la raqueta. “Los tenistas sean top-10, top-100, 1.000 o sin ránking, somos todos más o menos artistas. Como la música, el deporte se genera desde una pasión y ambos te exigen para su dedicación, amarlos en profundidad”. Le gusta rodearse de su gente. Y siempre que puede, las brasas con sus amigos son tradición. Le gusta mucho la música, sobre todo Eminem y también rezar. Pide por su tranquilidad y la de los suyos. Ganar o perder es secundario, Jarry necesita vivir tranquilo.
Gracias a este buen arranque de año, el Príncipe también se ha visto beneficiado en el ámbito económico: en dos meses ha ganado 172 mil dólares, equivalentes a 105 millones de pesos chilenos.
Ahora con la Copa Davis al frente, Chile afronta en San Juan la Ronda final de la Zona I Americana. El pais chileno tiene todas las esperanzas puestas en la mejor raqueta chilena del momento y prueba de ello, son las declaraciones de Fernando González, ex tenista chileno y triple medallista olímpico: “Jarry puede ganar una serie él solo. Es de ese tipo de jugadores que no dependen de su rival para ganar. Siempre va a pasar el partido por él. No sé, esta serie se va a jugar viernes y sábado, se va a jugar seguido, lo cual puede ser beneficioso para él”.
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En el punto más alto de su carrera hasta la fecha, Jarry hace memoria de todo lo trabajado para llegar hasta aquí, busca disfrutar cada segundo y solo quiere seguir aprendiendo. Con los pies en el suelo, llega a San Juan para combatir con la albiceleste y toda su gente. Después comenzará a preparar la gira de arcilla ya en Barcelona. Siempre intentado mejorar en todo lo posible como lo último en lo que está haciendo mucho hincapié, aprender a cómo mirar al oponente. En su maleta siempre viajan los dados para jugar al mentiroso, ahora Jarry quiere hacer del juego un arte para sobrevivir también en los no tan buenos momentos. En definitiva, falsear información para seguir en pie. Se han abierto las puertas de palacio para Jarry y este quiere quedarse para siempre. El Príncipe quiere codearse con los mejores. Quiere techos altos y pasos grandes.
Artículo escrito por @PipeOlcina17