Haas, un adiós con dolor

Recordamos la carrera y la historia de Tommy, el tenista que luchó frente a las lesiones para que su hija Valentina recordara un día verle jugar.

Si hay un tenista que conoce el significado de las lesiones ése es Tommy Haas. Ellas han puesto el punto y final a la carrera del alemán, un hombre enamorado de este deporte y que las continuas operaciones y problemas en su hombro le han obligado a parar antes de tiempo. Y es que él quería seguir compitiendo a pesar de que el mes que viene cumplirá 40 años. Hasta nueve operaciones ha sufrido Tommy en su carrera deportiva. Demasiadas como para poder salir airoso de ellas.

Haas nació un 3 de abril de 1978. El tenis no le vino de herencia sino que fue todo fruto de la casualidad. Para que se mantuviera entretenido, sus padres le dieron a Haas una raqueta de madera y una pelota para que se entretuviera solo golpeando contra la pared pero él se quedó entusiasmado por ese deporte. El carácter ganador de Tommy le hicieron soñar desde muy pequeño con ser profesional hasta tal punto de que con sólo 7 años él ya sabía que quería ser tenista. Sus padres, al ver el potencial que tenía, no dudaron en darle todas las facilidades posibles y se mudaron desde Hamburgo a Florida para que fuese a una academia.

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El caso del alemán puede servir como ejemplo para muchos. Él mismo reconoce que su cuerpo no podía soportar bien la exigencia del deporte de alto rendimiento. "Puede que mi cuerpo no estuviera hecho para el deporte profesional", aseguraba en una entrevista. En un deporte tan peculiar como el tenis, poco natural para el cuerpo humano con tantos cambios bruscos de velocidad y dirección, así como el impacto constante en las articulaciones del brazo al golpear la pelota, puede provocar ciertos problemas persistentes a aquellos que lo practiquen.

Por culpa de las lesiones, Haas nunca llegó a encontrar una regularidad en el tiempo. Siempre que alcanzaba un buen nivel de tenis y se acercaba a los grandes títulos, una nueva lesión le frenaba en seco. "Hubo momentos en el tiempo donde nunca pude avanzar realmente en mi carrera por las lesiones. Mis lesiones no eran las típicas que en cuatro o seis semanas te recuperabas, sino que era algo que necesitaba pasar por el quirófano y parar varios meses", explicaba el alemán el año pasado.

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Tommy siempre ha hecho gala de su buen humor, a pesar de los contratiempos que ha sufrido. "Si pusieras en una lista 25 lesiones o enfermedades que se te ocurran, probablemente habré tenido 22 o 23 de ellas", comentaba entre risas y es que el alemán ha tenido problemas en la cadera, la espalda, el tobillo, la rodilla, el codo, el hombro y la cápsula que une el brazo con el hombro, así como una fuerte neumonía el año pasado después de participar en Australia, que le hizo ingresar en el Hospital varios días.

Su hija Valentina siempre ha sido la principal fuente de inspiración de Haas en los momentos más complicados. Gracias a ella, Tommy encontró la fuerza para luchar y regresar a las pistas, justo cuando más hundido se sentía y pensaba en colgar la raqueta definitivamente. "Siempre pensé que hubiera estado bien que ella me hubiera visto jugar. Ella fue mi fuente de motivación. Con 34 y 35 años tuve una temporada magnífica donde volví a ser número 11 del mundo y nunca pensé que podría lograr algo así. En 2013 gané a Djokovic en Miami pero ella tenía solo dos años y medio y no se acuerda".

Haas logró su mejor posición en el ranking hace ya 16 años, cuando en 2002 fue número 2 del mundo. Fue medalla de Plata en Sydney, ganó 15 títulos ATP y alcanzó cuatro semifinales de Grand Slam, tres de ellas en Australia y solo una en Wimbledon, en la superficie que mejor se le daba. Precisamente con Wimbledon tiene varias espinas clavadas que nunca pudo sacarse. "Siempre pensé que tenía el juego perfecto para la hierba pero he tenido muy mala suerte en Wimbledon", se lamentaba. Tommy tuvo que retirarse en tres ocasiones en la Catedral del tenis. En 2001 se lesionó en el cuarto set ante Wayne Black; en 2005, mientras calentaba en su partido ante Tipsarevic, pisó por accidente una pelota y se rompió los ligamentos del pie; dos años más tarde, se rompió un músculo abdominal y no pudo jugar ante Federer. "Es muy frustrante. Pienso en ello y me pongo enfermo", comenta en referencia a su historia con Wimbledon y lo que pudo haber logrado esos años.

El hombro ha sido el verdadero culpable de frenar la carrera de uno de los tenistas con más talento del circuito. La cuarta y última operación a la que se sometió el alemán hace un par de años en esta articulación le hizo ver que no podría volver a competir al más alto nivel de forma regular, pero al menos le dejó retirarse compitiendo en algunos torneos. Casualmente, su última victoria oficial ocurrió el año pasado en Stuttgart, ante Roger Federer. "Siempre podré decir que mi última victoria fue ante el mejor de la historia", aseguraba orgulloso ayer durante el sorteo del cuadro masculino en el torneo del que ahora es director, Indian Wells.

Las lesiones nos han privado de disfrutar más de un virtuoso de la raqueta; de ese carácter ganador en pista y de un revés a una mano absolutamente delicioso. Quién sabe lo que hubiera podido conseguir el alemán sin esos continuos problemas. El tiempo, ese inexorable -y maldito- juez nos obliga a tener que decir adiós a Haas, ese tenista que soñó en sus últimos años de carrera con que su hija recordara verle jugar. Quizá Valentina tenga que tirar de Youtube en unos años, pero seguro se sentirá orgullosa de ver lo que su padre luchó por la pasión de su vida. Qué mejor ejemplo que ése.

Las despedidas siempre fueron duras y dolorosas, pero al menos nos quedará verle en el circuito senior y en algún torneo ATP en la disciplina de dobles a partir de ahora. Que este adiós no maquille un hasta luego, que diría Sabina.

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