Momentos muy bonitos los que está a punto de vivir Sergi Bruguera después de 17 años de su retirada. El catalán, ahora capitán del equipo español de Copa Davis, dirige este fin de semana en Marbella su primera eliminatoria desde el banquillo y la cosa, de momento, no va mal. Un marcador de 2-1 arriba con la opción de zanjar la serie en unas horas siempre y cuando Albert Ramos cumpla con su cometido ante el rival que elija Leon Smith. Ahora es momento de recordar aquellos años en los que Sergi ocupó la posición de jugador, un posición que nunca le trajo la codiciada Ensaladera.
“Me siento muy orgulloso, es una cosa que me hacía una ilusión increíble”, afirma el ex Nº3 mundial en un entrevista con la ITF. “Ser capitán de Copa Davis es el galardón máximo para los entrenadores. Mi función es intentar proteger y ayudar al jugador en todos los aspectos posibles. Yo soy de hablar todo lo que estoy viendo en la pista. Si todo va bien no tendré nada que decir, pero si veo algo no soy de callarme”, afirma Bruguera.
Como jugador, sin embargo, no tuvo toda la suerte que él deseó. “No haber ganado la Copa Davis es una espina que tengo clavada. En mí época no se había ganado nunca y me hubiera gustado hacer algo histórico, pero no pude. Ahora tengo la posibilidad de intentarlo como capitán”, recuerda el bicampeón de Roland Garros.
Y como entrenador, al contrario, las cosas le han empezado a ir con buen pie. Sobre todo después del gran triunfo en el dobles ante Gran Bretaña. “El doble, a priori, era el punto más competido para ellos porque tienen a un número 1 del mundo como Jamie y un especialista como Inglot. Esta modalidad siempre es muy complicada, va todo muy rápido y te da poco espacio, aunque hoy ha salido todo impecable. Desde el primer momento confié en Feliciano y Pablo como la mejor pareja posible, estaba seguro de que se iban a complementar muy bien y que sus juegos se compenetrarían bien dentro de la pista. Me ha hecho ilusión ver cómo han funcionado”, señala.
Sobre el baile de entrenadores en el banquillo, Sergi ofrece una solución. “Creo que es mejor ir cambiando porque hay muchísima gente capacitada para llevar el equipo. Es un premio para todos los jugadores que han sido importantes en el tenis español. Es un reconocimiento pero hay que ser válido. Por regla general, quien ha jugado bien tiene bastantes armas como para serlo, luego lo puedes hacer mejor o peor. También puede ser que no hayas hecho grandes cosas en el tenis y estés muy capacitado”, subraya el hombre que se colgara la plata en Atlanta 1996.

