Todo pasa por algo

Hace dos años, Roger Federer se rompió el menisco bañando a sus hijas. El suizo no se rindió y tomó aquello como punto de inflexión para cambiar su vida por completo.

Ayer 29 de enero se cumplieron justo dos años desde que Roger Federer se rompiera el menisco mientras bañaba a sus hijas. "Mientras las bañaba, en un movimiento que habré hecho un millón de veces en mi vida, giré de derecha a izquierda y oí un click en mi rodilla izquierda", revelaba el suizo meses después de operarse. El suizo denominó aquello como un "desafortunado contratiempo" que puso en riesgo su carrera a sus por entonces 34 años pero afrontó el problema de la mejor forma posible y es que incluso dentro de lo malo, siempre hay algo bueno que se pueda sacar. Aquello sirvió para que Federer cambiase su forma de ver y hacer las cosas y hoy, dos años después, vive uno de los momentos más felices de su carrera habiendo sumado tres Grand Slams en los últimos 12 meses.

Roger confesó que los días posteriores a la operación se preocupó, y mucho. Cuando apoyaba la pierna, la sentía completamente bloqueada y llegó a tener dudas de que pudiera volver a ser el que era antes, sobre todo teniendo en cuenta que corría a pasos acelerados hacia los 35 años. Eso no le desanimó para trabajar más que nunca para volver y es que la vida siempre nos pondrá barreras pero no para hacer que nos lamentemos y rindamos sino para ayudarnos a crecer y que aprendamos a sortear los problemas.

Lo que hizo el helvético puede servir de ejemplo para muchos. ¿Quién no se encuentra o se ha encontrado en un momento difícil, cuando parece que no hay salida, y se cree que no hay forma de avanzar? Sin aquél giro de rodilla que le rompió el menisco, es probable que Roger hoy fuese otra persona completamente distinta. Quizá eso le hizo ver su calendario de otra forma y primar el cuidado de su cuerpo. Quizá eso le hizo trabajar en aquellos aspectos que necesitaba para mejorar. Si no llega a ser por eso, por la inercia que tenía aquél Federer de 2016, quién sabe, lo mismo hoy estaríamos hablando de su retirada al no verse competitivo.

A diferencia de otros tenistas como Nadal, más acostumbrado a superar lesiones en su vida, ese problema en la rodilla era la primera lesión de gravedad en la carrera deportiva de Roger. La novedoso de la situación para él y por el momento en el que llegó, en la etapa final de su carrera, hizo que la idea de no volver se le pasase por la cabeza, pero nada más lejos de la realidad. El médico deportivo Gary Zimmerman denomina a Federer como "un espécimen físico raro, dotado de un sistema musculoesquelético que se adapta a la perfección al sistema de juego de bajo impacto que él tiene". ¿Qué quiere decir eso? Que siempre hemos hablado de que Rafa tiene un físico privilegiado por cómo es capaz de aguantar en pista durante tantas horas pero prácticamente nadie ha destacado que Roger ha mantenido un historial clínico impoluto durante todos estos años.

Nuestro cuerpo es como un reloj. La gente tiende a fijarse en lo exterior. Si es más o menos bello. Si llama la atención. Si parece de buena calidad. Pero nadie repercute en que lo verdaderamente importante es lo de dentro. Los engranajes que hacen que el resto funcione. De nada sirve tener los mejores materiales en el exterior si aquello que no se ve está dañado o funciona mal. Roger tiene una maquinaria interior perfecta y descubrir eso, alimentado por el amor de los que le rodean y por un cuerpo técnico que ha sabido sacar lo mejor de él, ha hecho que dos años después pueda ver aquél "desafortunado contratiempo" como el punto de inflexión en un momento difícil y que le ha servido para asombrar a todo el mundo y servir de ejemplo para tanta gente.

Y es que así es la vida. Una encadenación de otras posibles vidas, todas diferentes, que según nuestras acciones puede hacer que nuestro destino cambie para siempre. Las barreras son para superarlas. Abandonar y frustrarse no es una opción. El dolor es parte de la vida y del crecimiento y es que las cicatrices simbolizan fortaleza y espíritu de superación. Porque todo pasa por algo e incluso de algo malo como romperte la rodilla bañando a tus hijas se puede sacar algo bueno. Y si creen que no es posible, miren a ese tipo suizo llorando de emoción a sus 36 años tras volver a demostrarse a sí mismo que sí se puede.

"Que no te detenga un día malo. Los días malos son buenos para valorar los días buenos", Pablo Ráez (cuánto se te echa en falta en este mundo).

[getty:911323128]

Comentarios recientes