¿Y tú qué hacías cuando tenías 15 años?

Tú no lo sé, pero Marta Kostyuk con 15 años está ganando partidos de Grand Slam. Una de las historias más bonitas que nos ha regalado este Open de Australia 2018.

Justo en la época donde más nos quejamos de la ausencia de relevo va y a aparece una niña de 15 años y 5 meses dispuesta a hacer historia. Marta Kostyuk, la jugadora más joven en clasificar a un cuadro final de Grand Slam desde que lo hiciera Sesil Karatancheva en el Open de Australia 2005 y la más joven en superar una primera ronda desde que lo hiciera CiCi Bellis en el US Open 2014 (la estadounidense lo logró con un mes menos que Marta). Si nos ceñimos únicamente al major celebrado en Melbourne, hay que remontarse a la edición de 1996 para ver algo así, donde Martina Hingis firmó un triunfo en el debut con 15 años y 4 meses. Ni Serena, ni Venus, ni Sharapova, ni Kuznetsova consiguieron dar tan pronto este paso. Esta ucrania de madre ex jugadora e ilustre entrenador las ha pasado a todas por la izquierda.

Si giramos la cabeza y regresamos al Open de Australia 2017, podemos entender dónde empieza toda esta historia. Allí donde Marta Kostyuk logra conquistar el torneo Junior con 14 años y ganarse así una wildcard para la fase previa del año que viene. Es decir, este año, donde ha superado a sus tres rivales pertinentes (Rodionova, Seguel, Krejcikova) para luego poner la guinda inclinando a Shuai Peng en su debut en el cuadro final (6-2, 6-2). “Estaba tratando de moverla sobre la pista, sabía muy bien la manera en la que tenía que jugar y así lo hice, estoy muy feliz por ello. Mi cuerpo siente que aquí en Australia, en este torneo, puede hacer cualquier cosa que me proponga”, reconoce la jovencísima tenista, quien ya acumula, entre los dos años, diez victorias en este complejo.

Estoy rompiendo algunos registros nuevos cada año, en cada torneo, pero eso no me hace sentir nada especial al respecto. Si sintiera algo diferente cada vez que rompo un récord sería demasiado. Cada partido que viene es nuevo, por ejemplo, ahora no estoy pensando que voy a jugar la segunda ronda de un Grand Slam. Sé que todavía tengo 15 años y no quiero perder la cabeza, todavía me quedan otros quince de carrera”, afirma antes de medirse a Rogowska por un puesto en la tercera ronda. A falta de experiencia en su raqueta, buena es la experiencia en el banquillo. Allí donde Luca Kutanjac ejerce de entrenador principal e Ivan Ljubicic de asesor y supercoach. Tanto el croata como el propio Roger Federer tienen contacto con la ucrania, un círculo fabuloso para dar los primeros pasos en la élite.

Sin embargo, no es el tenis algo que enamorase desde un principio a Marta. “Mi madre era entrenadora cuando yo era pequeña y me decía que la única forma de que pudiera verla era yendo a entrenar mucho. Apenas la veía, pero el deseo de estar con ella me hizo estar en pista desde 08:00 de la mañana hasta las 20:00 de la tarde. No me gustaba el tenis, nunca me gustó, pero tampoco me forzaron a jugar. De pequeña nunca disfruté jugando al tenis, quizá ahora lo estoy empezando a hacer y a comprender por qué es tan importante para mí. Aunque no es lo más importante en mi vida”, asegura la de 15 años en un Preguntas y Respuestas elaborado por la WTA.

Muchas veces escucho a jugadores decir que el tenis es lo más importante de sus vidas, dicen que es todo para ellos. Yo no quiero tomarlo así, porque el día que lo pierda, mi vida no tendrá sentido. Quiero ser buena en otras cosas, que cuando lo deje no acabe volviendo par realizar cualquier otra función por el hecho de no servir para nada más. Me pasa igual con los objetivos, no me marco ninguno. No puedo decir que mi sueño es ser Nº1 a final de año porque, de no conseguirlo, una parte de mí ya nunca será la misma. Prefiero mantenerme así”, refleja la vigente campeona del Open de Australia Junior.

Curiosa es la anécdota que Marta nos regala contando la única vez en su vida que se propuso realmente dejar el tenis. “Era agosto de 2015 y venía de ganar un Grado1 y el campeonato sub14, me sentía una súper estrella, hasta que la semana siguiente perdí en segunda ronda de un ITF Grado5 y después en otro de Grado1 sub16. Volví a Kiev y le dije a mi madre: ‘No quiero jugar más’. Y así estuve durante una semana, sin tocar una raqueta”, confiesa.

Pero con el tiempo le dije a mi madre que quería volver a intentarlo. Me quedaban cuatro raquetas, el resto las había roto todas, pero en el segundo entrenamiento las cosas no fueron bien y rompí otras dos. Ahí fue donde mi madre es enfadó y me dijo que aquello se había terminado. Estuve sentada en la cancha durante una hora, le fui a pedir perdón a mi madre y le dije que, por favor, me dejara jugar. Comencé a entrenar de nuevo, a jugar, y en dos meses acabé disputando el Masters, ganando la Orange Bowl, el Eddie Herr y Les Petit As”, evoca con una sonrisa.

Un carácter que fuerte que todavía permanece en su interior. Este mismo enero, justo antes de aterrizar en Melbourne, no tuvo una buena experiencia en Playford, su primer torneo del año. “Recuerdo que tuve un punto de set y cometí varios errores justo en ese momento, entonces después del partido me encontré muy decepcionada. Yo mismo me decía: ‘No quiero ir a Australia, seguro voy y pierdo en primera ronda de la fase previa, ¿para qué voy a ir?’. Entonces me calmé y entendí que justo para esto habíamos venido a un torneo previo. Aprender de los errores te ayuda a luego jugar mejor. De hecho, aquí he cambiado mucho, esta semana logré cambiar tantas cosas que no te lo puedes imaginar”, subraya a pocas horas de disputar el partido más importante de su carrera.

Un rostro nuevo, una historia diferente y un talento como el de tantas otras jugadoras pudimos reconocer en el pasado. Con tan solo 15 años, Marta Kostyuk ya está dando pasos de gigante, dejando atrás aquellos conflictos internos siendo niña, su idea relámpago de dejar el tenis e incluso su amor platónico hacia Novak Djokovic hace unos años. “¡Quería casarme con él! Creo que hasta él lo sabe porque salió en un periódico serbio. Lástima que siempre tendré quince años menos que él y ya no hay posibilidad alguna, aunque reconozco que soy una persona bastante madura”; asegura sin ningún tipo de vergüenza. ¿Querían relevo? Aquí nos viene una joya que ya empieza a emitir brillo.

Comentarios recientes