La danesa Caroline Wozniacki es el paradigma de jugadora incansable. Si anda fina y confiada, es un auténtico muro que lo devuelve todo. Se mueve como una gacela por la pista y no da una bola por perdida, para desgracia de sus rivales. Eso hizo al menos este domingo, usando todas sus armas para proclamarse campeona del WTA Finals en Singapur, derrotando a la veterana Venus Williams.
La jugadora de Odense coronaba así una temporada muy buena -que podría haber sido sensacional de haber tenido algo más de puntería en las rondas finales que alcanzó- que le ha permitido cerrar el año como la número tres del mundo. Esta vez, los puntos sumados en las últimas semanas no le alcanzaron a la danesa, entrenada por su padre, para volver a hacerse con el número uno del mundo (ya alcanzó esta posición en octubre de 2010). Eso sí, Wozniacki se queda bastante cerquita de la rumana Simona Halep, que no podrá quitarle el ojo de encima a la danesa en los próximos meses.
Wozniacki es una competidora nata. Siempre tuvo claro que quería ser la mejor del planeta. De pequeña hacía natación, bastante bien además, y un día le confesó a su gente que quería ser la mejor tenista del planeta. Estos respondieron riéndose de ella y diciéndole que una chica danesa no llegaría a alcanzar tamaña gesta. Pero ella quería demostrarles que estaban equivocados, y empezó a entrenar. Pronto, su familia vio que igual se tenían que tragar sus palabras. La danesa ha llegado a contar, incluso, que su hermano dejó de jugar al tenis la primera vez que ella lo derrotó.
Es una gran luchadora y lo de resignarse nunca fue con ella. Siempre ha asegurado que es testaruda y que no acepta un ‘no’ por respuesta. Por ello, se esforzó desde el comienzo de su carrera en potenciar sus cualidades y tratar de suplir sus carencias. Es cierto que no es la jugadora con la mayor pegada del circuito, pero sí es una de las más atléticas y veloces. No en vano, puede presumir de haber sido capaz de correr la maratón de la ciudad de Nueva York en menos de tres horas y media. Y, dejando a un lado el físico, también posee una gran fortaleza mental. Se ha repuesta a lesiones inoportunas y a la presión mediática de ser una de las pocas jugadoras que alcanzan el primer puesto del ranking mundial sin haber sido capaces de ganar un Grande.
La mejor amiga de Serena Williams es una tenista atípica. Única e irrepetible, si me apuran. Hoy, Wozniacki parece estar viviendo una especie de segunda juventud a sus 27 años. Es evidente que su forma de jugar y encarar ciertos partidos ha madurado. Algo ha cambiado en su juego (para bien). En su caso, la perseverancia sí tuvo recompensa. Y amenaza con seguir dando guerra en las próximas temporadas. Que se preparen sus compañeras de circuito.

