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La eternidad no es suficiente para Rafa Nadal

Federer aseguró que Nadal se levantaba en Praga a las 6:30 de la mañana. Ese carácter y ese sacrificio es el que hace que Rafa haya vuelto a ser Nº1.

A pocos sorprende seguir viendo a Rafael Nadal dejarse cada punto de energía en la pista después de tantos años en la élite y no parar de entrenar para continuar mejorando. Es algo que el mallorquín lleva implícito en sus genes; el no dejar nunca de trabajar y no conformarse jamás, pase lo que pase. A sus 31 años y tras ganarlo prácticamente todo en el tenis, Rafa continúa con el mismo hambre o más que el primer día y quiere seguir escribiendo la historia de este deporte.

Recuerdo hace dos años charlar con Roger Rasheed, el que fuera entrenador de Dimitrov, Monfils o Tsonga entre otros, que me comentaba que él imponía a sus jugadores un planning que debían cumplir entre el que se encontraba levantarse a las 7 de la mañana todos los días para desayunar y entrenar, así como diferentes sesiones de entrenamientos tanto en gimnasio como en cancha. Aseguraba que esto ritmo de vida llegaba un punto en el que llegaba a cansar al tenista, que a pesar de verse dentro del Top 10 veía muy sacrificado madrugar cada día y seguir unas sesiones de físico demasiado duras y tras un año y medio o dos, terminaban prefiriendo otro nivel de vida.

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Pero todo cambia cuando hablamos de alguien como Rafa Nadal. El mallorquín ha sido entrenado desde que era un niño a no conformarse. A pesar de ganar torneos a niños mayores que él en edad, al día siguiente, su tío Toni le hacía madrugar para preparar las pistas y volver a entrenar. No le dejaba asentarse. Ese método de educación hace que hoy Rafa, a sus 31 años, continúe haciendo eso mismo cuando a esa edad ya había muchos otros que prefirieron colgar la raqueta o vivir mucho más tranquilos, sin la presión constante que requiere ser de los mejores del mundo. Por ese motivo, ese número 1 no viene por casualidad.

Comentaba el sábado pasado Federer en Praga que el español se toma en serio todo lo que envuelve al tenis y en un torneo exhibición como es la Laver Cup, Rafa se lo tomaba tan en serio como si fuese un Masters 1000 o un Grand Slam. "Se levantaba a las 6:30 de la mañana", aseguraba Roger. Y es que ahí radica el éxito de Nadal, precisamente en ese inconformismo. En madrugar el primero para ponerse cuanto antes a trabajar. Para hacer sacrificios. Y es capaz de hacerlo en cualquier momento, en un fin de semana en Praga, en una semana entera en Shanghái o dos días después de ganar Roland Garros, cuando tras aterrizar tarde en su Mallorca natal, cogió su mochila al día siguiente por la mañana y se fue al gimnasio a hacer bicicleta como si fuera otro día cualquiera.

Rafa ya es uno de los mejores tenistas de toda la historia pero él no quiere quedarse solamente ahí. Busca más. Y es que para el mallorquín la eternidad puede que no sea suficiente.