Cuando se parece destinada a la gloria cualquier traspiés puede arrastrar al infierno. Es lo que le ha ocurrido a Belinda Bencic, una de las tenistas de un potencial más notable de los últimos años. Triunfadora absoluta en el circuito junior, se erigiía en la heredera natural por talento y precocidad de la leyenda suiza Martina Hingis, con la que comparte orígenes de la Europa del Este. Sin embargo, en los últimos años un camino que no parecía tener techo se ha truncado por las lesiones y unas reapariciones a destiempo en las que no ha encontrado su mejor nivel.
Ganadora en 2013 de Roland Garros y Wimbledon en categoría junior, pronto dio el salto al circuito WTA dando mucho de qué hablar con su tenis polivalente y agresivo. Ya en 2014 se dejó ver en la élite con su puesto de finalista en Tianjin pero fue en la siguiente temporada, en su paso a la mayoría de edad, cuando destapó el tarro de las esencias. Finalista en Hertogenbosch, Tokio y San Petersburgo y ganadora del título en Eastbourne y Toronto, la tierra batida es la única superficie en donde no ha logrado brillar.
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Fruto de ese esplendoroso año, en los compases iniciales del 2016 logró entrar en el top-10 y cosechar el que hasta ahora es su mejor clasificación: séptima mejor jugadora del mundo. Igual de meteórica ha sido su decadencia que su eclosión, acelerada por una retahíla de lesiones de las que no se ha recuperado del todo y que han acabado lastrando su rendimiento durante casi dos años. Cerró el 2016 sin poder competir a su máximo rendimiento y encadenando derrotas que mermaron mucho su confianza.
Su aparición en la Copa Hopman 2017 junto a Roger Federer vaticinaba ilusiones renovadas en la helvética, pero también dejó traslucir un incremento de peso nada desdeñable en Belinda, fuera de forma y a la que le ha costado mucho recuperar la intensidad y ligereza de movimientos requeridos para estar en la cumbre. Con tan solo un partido ganado en el circuito WTA en este 2017 (ante Tsvetana Pironkova en Indian Wells) y otra en la Copa Federación (contra Pauline Parmentier), Bencic ha vagado por las pistas sin rumbo hasta que decidió operarse de su maltrecha muñeca izquierda.
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Humildad y trabajo son las recetas para que Belinda Bencic retorne a la élite. Ha de construir el edificio desde los cimientos y es por ello por lo que su reaparición se ha producido en el ITF 100.000 San Petersburgo, donde ya ha pasado dos rondas al ganar por 6-0 6-0 a Anastasia Gasanova y 6-3 6-4 a Vitali Diatchenko. Independientemente de que pueda o no ganar el título, resulta esperanzador verla de nuevo en forma y repleta de ilusión. Solo hay caminos posibles: o vuelve a ser un referente o se convierte en juguete roto. De ella y sus lesiones depende.

