Georgina García Pérez vuelve a amar el tenis
La tenista barcelonesa de 24 años quiere dar un salto definitivo en su carrera profesional después de haber pasado por muchas vicisitudes.
Que el tenis es muy duro mentalmente es algo consabido por toda la sociedad, pero solo los que han jugado al máximo nivel pueden entender los extremos a los que se puede llegar. Georgina García-Pérez tiene sentimientos encontrados con el deporte de la raqueta; como ese amor que se necesita aunque te haga sufrir. La barcelonesa retorna al circuito con la ilusión de jugar a un buen nivel pero, sobre todo, de volver a disfrutar del tenis después de una profunda crisis existencial en 2013.
187 centímetros de altura y una sonrisa permanente contemplan a una joven con mucha proyección. Empuñó la raqueta a los cuatro años, después de quedar embelesada al ver a su madre impartiendo clases de tenis y a los ocho años ya ganaba torneos nacionales y destacaba en su ciudad natal. "Con ocho años gané mi primer torneo. Estaba mala pero acabé jugando aunque mis padres y entrenador me decían que no lo hiciera, y acabé ganando", declara la jugadora catalana en un interesante reportaje en Visibilitas.

Su progresión parecía imparable pero el sueño se convirtió en pesadilla a los 16 años. Época de cambios, de explorar el mundo, de ponérselo por montera y arrasar con todo, pero Georgina se encontró con que aquello que había estructurado su vida, ahora le generaba repulsa. ¿Un tenista puede llegar a odiar el tenis? La respuesta es sí, definitivamente. La exigencia de madurar demasiado pronto, de renunciar a la vida que lleva la gente de tu edad y exprimirse cada dia, a veces sin premio, puede llevar a situaciones draconianas. Georgina tuvo mononucleosis pero fue detectado muy tarde, después de meses de calvario en el que la española ganaba fácilmente el primer set pero se desfondaba físicamente.
Eso fue un tormento para una tenista que no entendía qué ocurría y que se replanteó si merecía la pena renunciar a sus estudios tan joven por algo que le generaba más ansiedad que disfrute. "Me quemé. Se me juntaron muchas cosas. Perdí la ilusión, la motivación y las ganas de jugar y me agobiaba mucho dejar los estudios y no tener Bachillerato". Por si esto fuera poco, le detectaron un problema de corazón que parecía podía afectar en muchos aspectos de su vida. "Me dijeron que quizá no podría tener hijos. Hubo situaciones extrañas, estaba saturada y me retiré", alegó la catalana.

El asunto del corazón se solventó, habiéndose comprobado que era un error médico, y Georgina hincó codos y accedió a la universidad a estudiar Psicología. Georgina era una chica más que parecía haber dejado atrás el tenis definitivamente... pero se dio cuenta de que lo añoraba. "Cuando dejé el tenis pensaba que no volvería a jugar en la vida. Me ponía histérica y ni siquiera podía ver un partido. Es un deporte muy obsesivo para tí y el entorno", señala la jugadora española que actualmente es la 289 del ránking WTA después de haberse reenganchado al circuito.
"Estando en casa me torturaba un poco pensando si había hecho todo lo posible. Me encontré con un entrenador de la infancia y me pasé a entrenar porque me dijo que estaba a cinco minutos de mi casa". Georgina volvió como algo natural y a los pocos meses de haber pisado de nuevo la pista se apuntó a un torneo ITF. "Jugué muy bien y me sentí bien compitiendo. Terminé agotada, me habían advertido de que podría tener lesiones después de haber parado tanto tiempo", dice una mujer que tiene como entrenador actualmente a Marc Cánovas.

"Estoy muy contenta e ilusionada. Quiero prepararme bien, controlar la nutrición y rendir lo mejor posible". La española cuajó un 2016 espectacular, con victorias en el ITF de Bukfurdo, el ITF de Rabat y el ITF de Casablanca. Jugadora potente donde las haya y que estructura su juego en base al servicio y la derecha, buscando el golpe ganador continuamente y saliéndose así de los estándares de jugadora española. "El tenis me ha ayudado a ser lo que soy porque tienes que ser muy fuerte de cabeza. Ahora soy privilegiada por hacer lo que más me gusta".
Así es el tenis y así es la vida. Caer para levantarse y salir de hoyos en los que se cayó por circunstancias fuera de lo habitual Georgina Sánchez Pérez vuelve a emocionarse con una raqueta en la mano, a sentirse poderosa y a tener la ilusión de alcanzar grandes cotas de éxito. El 2017 puede ser un año muy importante para ella.