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Mischa Zverev, parte de un desafío

Alejandro Arroyo - 23 ene 2017 | 18:00

El alemán 'cuela' el saque-red entre las ocho mejores raquetas de un Grand Slam, una idea de juego tan incomprendida como puntualmente capaz

Al borde de los 30 años, Mischa Zverev saldrá con el mejor ranking de toda su carrera, reforzando la idea, muy presente y constantemente actualizada, de que nunca es tarde y de que los éxitos, en los últimos años, parecen estar más relacionados con la madurez que con la precocidad. Sin embargo, para añadir más mérito a la misión, el alemán lo logra gracias a un esquema de juego de difícil supervivencia entre la máxima élite, uno que comparte un puñado, escaso, de jugadores distinguidos precisamente por ello.

"Ha sido el mejor partido de mi carrera. Fue increíble". No puede expresarlo de otro modo quien acaba de doblegar al número 1 del mundo, un restador intimidante, en los octavos de final del Open de Australia desde el saque-red, quien habiendo ganado cinco partidos de Grand Slam en toda su vida, suma cuatro en esta edición del grande australiano. Para alguien que ha vivido el doble de tiempo fuera del top-100 que dentro de él, que hace poco más de año y medio no aparecía entre los mejores 500, la victoria es difícil de creer. Para nosotros, los que lo vemos desde fuera, lo increíble es el cómo.

Zverev fue a por Murray sabiendo que para competir tenía que hacer, en todo momento, lo que al rival ni le gusta ni se espera. Y no es fácil porque el británico finaliza el encuentro con 71 golpes ganadores y 28 no forzados, números de una victoria seguramente apabullante. Pero cae en cuatro mangas. Así, el germano focaliza sus opciones en no hacer lo que está establecido. Independientemente del acierto y eficacia (65 puntos ganados de 118 en la red -55%-), gran parte del éxito de un especialista en el saque y volea es crear esa dinámica de partido concreta. Y Zverev lo logró.

Hay detrás de esta filosofía de juego una exigencia física importante en esfuerzos de reacción, también una carga de concentración sin espacio para el despiste, tratando de presionar y sorprender, y de hacerlo en todo momento por más que no se muestre exitosa. Y también un menú variado de jugadas y golpes que van más allá de sacar y subir a finalizar.

Porque Mischa no sólo se queda en terminar el punto en la malla tras su servicio, sino que acompaña con el resto-red, el revés cortado, las subidas a contratiempo y los swings más cortos para quitar tiempo y espacio a la defensa del rival, incomodando a Murray y fortaleciendo su confianza. El alemán gana en convicción porque cree en su idea, su rival no tiene el mejor día -debe apuntarse, siempre necesario para explicar partidos donde hay tanta diferencia de nivel- y el desarrollo del choque carga de argumentos su ideario tenístico.

Lejísimos de crear tendencia, el saque y volea, un método que en el mejor de los casos es un recurso tremendamente puntual y anécdótico entre los 100 mejores del mundo, tiene cabida porque aunque los condicionantes de hoy lo dificultan, el tenis es un juego y ninguna idea puede extinguirse; todo está por redescubrirse y mostrarse válido. La evolución del tenis como competición hace complicado que el recurso pase a ser un discurso imitado, pero las opciones de competir así siguen apareciendo. En cuartos de final de un Grand Slam en 2017, Mischa Zverev enfrentará a Roger Federer y ocurrirá lo impensable y siempre descartado: subir a la red será tendencia.