Muchas historias se han sucedido en el primer día del Open de Australia 2017. Una de ellas ha tenido especial resonancia, la polémica surgida a raíz de la retirada de Nicolás Almagro en su partido de primera ronda ante el francés Jéremy Chardy tras cuatro juegos disputados. Más allá de las suspicacias sobre el interés o no del español por llevarse los puntos y el dinero del torneo a pesar del poco despliegue mostrado, lo que hay que poner de relieve es la falta de seriedad que deja un torneo como es un Grand Slam en estas situaciones. Porque el espectador es el principal derrotado, aquel que hace posible realmente un evento como es el Open de Australia.
Era el primer turno de la pista 12. El primer partido en esa pista en cuadro principal del Open de Australia 2017. Jugaban un más que atractivo e igualado encuentro el español Nicolás Almagro y el francés Jéremy Chardy. Sin embargo, tras 25 minutos y cuatro juegos disputados, el espectáculo daba a su fin. Almagro se retiraba por problemas en uno de sus tobillos. Tras el partido, el murciano explicaba en rueda de prensa las razones que le habían empujado a dejar de forma tan temprana su partipación en Melbourne. En sus palabras, los 50.000 dólares australianos que se le otorgaban por jugar no eran nada, alegando que tenía más de 10 millones ganados en premios. Conseguir puntos en vistas a una ausencia más prolongada motivada por el nacimiento de su primer hijo en febrero era la principal razón que ha esgrimido Almagro.
El italiano procedente de la previa Luca Vanni no duró mucho más en su choque ante el checo Tomas Berdych. Concretamente siete juegos, para que Berdych ganara el primer set por 6-1. A final del año puede ser más común y esperable este tipo de situaciones, pero ya a principio de año choca bastante y sobre todo, molesta que un torneo pueda quedar deslucido por este tipo de partidos inexistentes.
En ningún torneo es plato de buen gusto presenciar espantadas de este estilo. Pero menos aún en un evento como es un Grand Slam. La ATP ya ha tomado para 2017 cartas en el asunto. Ha implementado una nueva regla que posibilita a un tenista evitar tener que jugar a toda costa un partido para llevarse el premio y los puntos del mismo. Y de esta manera, deja la puerta abierta para que un 'lucky loser' o perdedor afortunado entre en el cuadro y juegue ese partido, asegurando un mínimo de espectáculo y no un calentamiento o un sucedáneo de partido como ya ha pasado en dos ocasiones en esta primera jornada de Australian Open.

Apuntarse a un torneo y quitarse a última hora pero quedarse con el dinero y los puntos no suena muy ético sin duda. Pero si además le sumamos la espantada que supone disputar unos pocos juegos y dejarlo, la combinación es realmente desalentadora para el tenis. Y es que en los Grand Slams es necesario disputar aunque sea un solo punto para conseguir las pingües ganancias, aunque solo sean de primera ronda. Por tanto, no se da opción a que el 'lucky loser' pueda sustituir al jugador maltrecho y brindar el espectáculo que la gente ha ido a ver o que espera ver por televisión. La ITF no puede esperar más y debe actuar inmediatamente para modificar esa regla y seguir los pasos de la ATP.
O se hace algo o seguiremos viendo cosas así en los grandes torneos, especialmente en las primeras rondas. Aunque estas espantadas no se produzcan en pistas principales, no se puede menoscabar el prestigio de un torneo con cosas así. Porque se puede tolerar que por un lance fortuito alguien tenga que retirarse con prontitud de un partido. Pero no es tolerable que alguien que viene arrastrando problemas físicos y que está entre algodones como era el caso de Almagro, juegue un poco y coja las maletas. Dignifiquemos los torneos. Y todas las rondas. Y demos la oportunidad a los 'lucky loser' para que aprovechen esas bajas. Un avance muy necesario para el tenis.

