Hubo un tiempo atrás que toda la comunidad del tenis nos dedicábamos a escuchar plácidamente y sin ninguna prisa todos los registros que iba superando Roger Federer en su contundente reinado. Cada fin de semana, sin excepción, había que sacar el paraguas para ver cómo, al menos un par de récords, se caían al paso de su talento. Su ascenso salvaje le sirvió para mantenerse entre los mejores durante casi tres lustros, aunque cada miembro de esta sala sabíamos que algún día todo este imperio empezaría a desmontarse en algún momento. O al menos, a rebajar su brillantez. Todo esto nos sirve para introducir que mañana, lunes 7 de noviembre, no será un lunes cualquiera. No será un lunes amable, como todos, pero sí será el primero en el que no veamos al suizo dentro de los diez mejores del mundo, algo que nos veíamos desde hace 14 temporadas.
Corría las últimas semanas de la temporada 2002 cuando un bisoño Roger Federer, de tan solo 21 años, afrontaba sus últimos torneos del curso poniendo sus mirad en Viena. A la capital austriaca aterrizó el suizo como número 13 del mundo y ya con cuatro títulos en su bolsillo, un detonante que dejaba entrever el ‘bicho’ que se nos iba a venir en un futuro cercano. El helvético, que no pisaba una final desde el mes de mayo en Hamburgo, quería zanjar aquel bache con una gran actuación y así fue cómo tras cuatro victorias se plantó en la última ronda. No fue su final más complicada, pero sí obtuvo una recompensa más dulce que la de una quinta corona. Su triunfo ante Jiri Novak en cuatro mangas le permitía regresar al top10 por tercera vez, un lugar en el que se mantendría durante las próximas 14 temporadas.

Lo cierto es que, con todo lo que le ha pasado al helvético este año era normal que ocurriera algo así. Han sido siete torneos disputados desde enero hasta julio, resueltos con una final perdida en Brisbane ante Raonic (no empezó nada mal la aventura), dos semifinales de Gran Slam (los dos únicos que le vieron jugar) y una maldición con las lesiones que han impedido que el genio de Basilea amarrara un saco más pesado de puntos para poder reservar su posición dentro del top10. En total fueron 744 semanas entre los diez primeros (tercera marca histórica), 734 de manera consecutiva (segunda marca histórica) que le sirvieron para ocupar la primera posición durante 302 semanas (récord histórico). Y mejor nos detenemos aquí en cuanto a logros porque si no acabaríamos yendo a comer a las 18:00 de la tarde.
Nada es para siempre, ni siquiera la estancia de Roger Federer en el top10 de la ATP. Ha sido un viaje extenso, lleno de emoción, alegrías (como los 17 Grand Slams conquistados desde 2003 a 2012), también bajadas (como la caída hasta el octavo lugar a principios de 2014), pero siempre, siempre, con la motivación necesaria para seguir peleando insistentemente con el objetivo de regresar a lo más alto. Sus declaraciones indican que el helvético todavía guarda gasolina para unos últimas vueltas en el circuito, asegurando que su salida del top10 sea un viaje de ida y vuelta que empezará a fraguarse a partir del próximo enero. Imaginen todos los puntos que perdió este curso y que no tendrá que defender el que viene. Lo bonito del ranking ATP, todo depende del cristal en que se mire.

Lo dicho, no se asusten. En menos de 24 horas ustedes entraran a la página web -los más modernos a la app- de la ATP y no encontraran a Roger Federer en el top10. No lo busquen, no actualicen, no hay error que despejar. Dependiendo si John Isner gana o no el título en París-Bercy, el suizo podría aparecer bien el 16º o 17º del mundo, un vagón tan retrasado que no pisa desde mayo de 2001. Es ley de vida pero no es el final. Ciñéndonos a los refranes, todos sabemos que nada es para siempre, ni siquiera la vigencia de Su Majestad. Pero también sabemos que todo lo que sube, luego baja. Y viceversa. Este descenso solo es el principio de una nueva aventura. Cojan asiento porque en enero empieza la reconquista.

