No hay jugador en el circuito que haga sentir a Djokovic tan inferior en el fondo de la pista en determinados momentos como Stan Wawrinka. Cada partido es diferente, los jugadores llegan mejor o peor a los mismos, pero uno es capaz de observar que determinado jugador incomoda y deja sin respuesta a otro. Se siente sobre la pista. La tremenda competitividad y calidad de Novak Djokovic le ha hecho dominar al suizo en 19 de los 24 partidos que han disputado; lejos está de ser sistémica o traumática la relación táctica entre ambos. Sin embargo, Wawrinka es un potencial problema para el serbio bajo determinadas circunstancias.
Ciñéndonos estrictamente al juego, no hablamos de lo que padeció Federer frente a Nadal o lo que sufrió Nadal con Djokovic en estos últimos dos años. Relaciones de sometimiento que resumían con rapidez los encuentros: el juego de uno hacía mucho daño al otro o el del otro hacía muy poquito al del uno. El juego de Wawrinka, en cambio, ha de ser activado para hacer débil a Novak. Y si Novak lo permite, ocurre lo que vimos en París 2015 o Nueva York 2016. El serbio ha competido en multitud de ocasiones ante el suizo y sabe que Wawrinka juega a un ritmo de errores-winners elevadísimo, lo que promueve que desde el control y la construcción, tenga las de ganar. Pero el asunto gira en rondas finales, donde Wawrinka se transforma.

Cada jugador siente el juego que practica. Encuentra comodidad en sus virtudes, en aplicarlas, en encontrarse lo más suelto posible haciendo lo que sabe hacer. Djokovic es un jugador prácticamente perfecto desde el fondo de la pista cuando juega a un ritmo de golpeo alto; muy sólido, pisando la línea, cambiando direcciones y jugando con una profundidad dificilísima de contener sin fallar. Nadie juega con el largo de la pista sin aparente esfuerzo como él, tomando la pelota en ascenso. Por eso domina a todos desde ahí; también por su cobertura de pista, por su físico y por la calidad en sus golpes. Por eso, también, sufre contra un sacador inspirado que acorta los puntos o con jugadores que varían y anticipan con tanto riesgo como Federer, capaz de jugar al ataque de forma extrema en pistas muy rápidas.
Sin embargo, desde el fondo sólo el de Lausana lo ha arrodillado en esas dos finales. ¿Cómo un jugador que no tiene apenas variantes, que juega desde atrás y que no es un gran sacador, ha dejado mudo al serbio en momentos tan importantes? Wawrinka ha derrotado a Djokovic a 5 sets en tres pistas diferentes: el plexicushion de Melbourne, la arcilla de Roland Garros y el cemento de Flushing Meadows. Stan, por la particularidad de sus palancas, se posiciona más atrás que los demás. Su zona de seguridad está medio metro más atrás, para que su empuñadura y su armado dispongan de tiempo. Y para ello, recibir golpes de transición y orden, puntos elaborados y efectos liftados, es una necesidad. Lo agradece sobre todas las cosas.

Repasando la semifinal que disputa con Federer en el US Open 2015, el de Basilea martiriza a Wawrinka con golpes muy planos y muy veloces, con botes bajos. Stan sufre porque la rapidez de la Arthur Ashe -da menos tiempo que la Rod Laver Arena y la Chatrier a los que arman con mucho arco- y el tipo de tiro de Federer no conceden tiempo a que caliente su mortero. Su muñeca no maneja los tiempos del botepronto y comete muchísimos errores cuando tiene que flexionar y lanzar la mano antes que el brazo. Por su parte, Novak, comparaciones a un lado con Roger, que no entran en este análisis, golpea muy diferente. Su patrón le viene muy bien a Wawrinka. En la final del domingo, el número 1 nunca logró escapar de ello, recordando a lo sucedido en Roland Garros. Djokovic perdió el control de los puntos, porque el control de los puntos cuando juega con Wawrinka no reside en construir con sus liftados, sino en variar y en atacar con su derecha.
Wawrinka vio el cielo abierto cuando en una cancha más rápida que las de Australia o París, podía armar sus tiros con tiempo. Djokovic buscaba con su revés liftado sobre el revés del suizo y éste comenzaba a encontrar sensaciones. Jugando 'a ritmo', los partidos de serbio y suizo a cinco sets son igualadísimos. Por más que el de Belgrado se hiciera con el primer set en París o en Nueva York, Stan estaba dentro del partido. Novak no le plantea preguntas que Wawrinka deba responder con cosas diferentes. Wawrinka, ante Djokovic, por fortuna para él, puede ser él mismo. Golpear como le gusta. Después puede ganar cualquiera, pero la razón es evidente, sustentada por dos datos: Djokovic presenta un récord de 193-5 en GSlam cuando gana el primer set. De esos 5 partidos, 3 se los ganó Wawrinka. Para más ajuste: de los últimos 125 partidos en los que Djokovic ganó el primer set sólo cedió en dos: los ganó Stan.
Novak Djokovic has won 123 of his last 125 matches when winning the first set.
— Josh Meiseles (@jmeistennis) 12 de septiembre de 2016
The two exceptions: Stan in the RG15 and USO16 finals
Por momentos, Djokovic buscó cambiar las cosas. El secreto era acelerar y jugar más plano, arriesgar más, e invertirse de drive para que la pelota deslizase. Fueron los menos. El serbio encuentra mucha seguridad en su ritmo medio, en su revés profundo y alto, pero volvió a ser su talón de aquiles. La final explicó que jugando así, Wawrinka, un hombre que se crece en las finales, puede entrar en combustión e instalar muchas dudas en el número 1. En esas circunstancias, Stan, convertido en 'Stanimal', es el gran dolor de Djokovic.

