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El salto de Karolina

La jugadora checa ha pasado de caer en primeras semanas de Grand Slam a pisar la final del US Open. Una evolución que esperábamos desde hace tiempo.

La mosca llevaba demasiado tiempo detrás de la oreja. Karolina Pliskova, una jugadora consolidada desde hace varias temporadas dentro de las quince primeras el mundo, no era capaz de rendir a gran escala en Grand Slams. ¿Por qué? Pues no es sencilla la respuesta, de hecho muchos me lo han preguntado vía Twitter y todavía ando buscando un buen argumento que lo defienda. La cuestión es que esta mujer ha tardado 18 torneos ‘major’ en poner sus pies en la segunda semana de competición. Y claro, tan larga fue la espera que ha terminado dando la campanada más grande de su carrera, directa a la final. De cero a cien, como un Ferrari, la de 24 años se ha colado hasta la cocina en este Us Open 2016, buscando recuperar todo el tiempo perdido meses atrás.

Desde Roland Garros 2012 hasta Wimbledon 2016 solamente dos Grand Slams se quedaron sin ver en acción a Karolina Plisova en sus cuadros finales. Múltiples intentos, en diferentes ciudades, en superficies de todos los colores, ante rivales de toda índole y, sin embargo, esa segunda semana se convertía en un hándicap que se resistía año tras año. En 2015, por ejemplo, temporada donde la checa llegó a situarse en el número siete del mundo a principios de agosto, la vimos caer ante Makarova en Australia, con Mitu en París, Vandewegue en Wimbledon y frente a Tatishvili en Nueva York. Sorprendente cuanto menos. Algo fallaba en la oriunda de Louny cuando se hallaba en las grandes plazas. Hoy, por fin, ya podemos decir que solo son fantasmas del pasado.

"Siempre fue un sueño, ya sabes, ganar un título, llegar a la semifinal, llegar a la final. Por lo tanto, quiero decir, que es un gran resultado para mí. Sin embargo espero que no se detenga aquí, que todavía quede un paso más por dar. Haré lo que sea para conseguir el título”, confesó Pliskova a la página de la WTA tras dejar en la cuneta a Serena Williams, ex número uno del mundo a partir del próximo lunes. "Incluso si yo no gano el título, será un gran resultado. Estoy muy feliz de llegar donde he llegado y tener la oportunidad de jugar la final aquí. No sucede a menudo que estás jugando una semifinal contra Serena en la pista central aquí en Nueva York. No sucede a menudo que estás en la final del Grand Slam", afirmó Karolina, nadie mejor que ella para ejemplificarlo.

En su haber cuenta ya con seis títulos WTA, cinco de ellos de categoría International (la más baja dentro del circuito profesional femenino) y un trofeo Premier 5 hace unas semanas en Cincinnati, donde derrotó en la final a quien será su rival mañana en Nueva York. En total son once victorias consecutivas en su maleta y una carga emotiva y moral que la ponen como candidata a todo en Flushing Meadows. El palmarés de redondea con una Copa Federación cosechada el curso pasado y varios intento fallidos en varias finales Premier que le han ido curtiendo.

Pliskova ha querido dar un puñetazo sobre la mesa después de tanto tropiezo en Grand Slam, y nada mejor para ello que dejando en el camino a las dos leyendas más importantes del vestuario actual: las hermanas Williams. La checa se deshizo primero de Venus y luego de Serena, convirtiéndose en la cuarta mujer de la historia en firmar esta hazaña tras Hingis, Henin y Clijsters. Por delante ya solo falta Kerber, nueva número uno del mundo, jugador a quien arruinó en Ohio el sueño de instalarse en lo más alto del ranking y que, quince días después, le ha devuelto lo que tarde o temprano acabaría siendo suyo. Una anécdota realmente curiosa. Dicen que en una final ya no hay favoritos. Aquí, desde luego, resulta espinoso decantarse por alguna.