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Conociendo a Raonic

Jose Morón - 24 jul 2016 | 19:48

En una entrevista para Vogue, se descubre más de la personalidad metódica de Milos, que está determinado a llegar a lo más alto de la cima del tenis.

Cuando a Milos Raonic le preguntan por cuál es su mayor objetivo, no duda en responder. "Ganar Grand Slams y ser número 1 del mundo". El canadiense es uno de los que apuntan a seguir la estela de los miembros del Big Four una vez éstos bajen su nivel o empiecen a retirarse de los primeros puestos del ranking. Su final en Wimbledon hace un par de semanas muestra que tiene tenis para hacer grandes cosas.

En una entrevista para Vogue, se ahonda más en la personalidad de Milos y es que el tenista confiesa que desde hace un tiempo, cada noche escribe en una libreta "ideas y emociones". Raonic declara que ha estado leyendo libros de Josh Waitzkin, el prodigioso ajedrecista y es que eso le está ayudando a aprender y mejorar. En el tenis actual existe muy poca diferencia entre los más top y cualquier pequeño aspecto puede ayudar.

Raonic cree que el tener dos personalidades tan distintas dentro de su equipo como la de John McEnroe y Carlos Moyà, le puede venir muy bien. El canadiense opina que el expresivo McEnroe puede ayudarle a verse a sí mismo desde el otro lado de la pista. "Es un acuerdo para conocer más sobre la mentalidad", asegura Milos, que quiere ver "cómo le hace sentir a sus oponentes para poder manipular eso".

Nació en Montenegro en el año 1990 aunque se mudó a Toronto, ciudad que visita esta semana, a la edad de cuatro años. Su padre pagaba 200 dólares al mes para que su hijo tuviera en un club de tenis una pista y una máquina que lanza pelotas todos los días a las 6 de la mañana y a las 10 de la noche. Allí conocieron al entrenador Casey Curtis, que nada más verle, descubrió el arma mortífera que tenía en su brazo derecho. Comenzaron a trabajar juntos y para cuando tenían 12 años, cuenta la publicación que Curtis pensó que había desarrollado el mejor movimiento de saque del mundo.

Raonic es capaz de sacar a más de 248 kilómetros por hora. Una auténtica barbaridad. El canadiense, ayudado por su altura, es capaz de impactar la pelota a una altura casi inalcanzable para muchos del circuito. Apenas se puede poner la raqueta y rezar para que la pelota entre en pista al intentar restar el saque. preguntado sobre un par de adjetivos que describan cómo es su servicio, responde: "Preciso, intimidatorio e impredecible".

Es un metódico trabajador. Muy responsable. Tiene decidido llegar a lo más alto y trabaja muchísimas horas cada día para lograrlo. Quizá eso, unido a su naturaleza (altura y peso), le haga sufrir de bastantes problemas físicos como ha venido haciendo en los últimos años. El intentar aprender a controlar esto es algo que todavía tiene que encontrar. Cuando lo haga, Raonic será todavía mucho más peligroso de lo que es ahora.