Sábado 30 de enero de 2016. Angelique Kerber avanza hasta la Rod Laver Arena para disputar su primera final de Grand Slam a los 28 años. Enfrente está Serena Williams, seis años mayor, quien ya sabe lo que es ganar el Open de Australia en seis ocasiones. El desenlace es tan emocionante como inesperado, resultando campeona la más novata y perdedora la veterana. Han pasado ya casi seis meses de aquel pulso, pese a que todavía ocupa un lugar importante en nuestro archivo. Mañana, sobre el verde de Wimbledon, se dará la revancha con las mismas protagonistas en una nueva final de Grand Slam. Hoy la vida, para ambas tenistas, ha cambiado en múltiples aspectos.
Era la primera vez que la menor de las Williams se encontraba a tan solo una victoria de igualar los 22 majors de Steffi Graf, solamente dos sets le separaban de un objetivo que en el Us Open vio derrumbarse en semifinales. Era mucha la presión para una mujer que venía sumando todos los Grand Slams de 2015 y que acabó cediendo con un mal sabor de boca ante la oportunidad que podía coronarle en casa. En Australia tampoco fue mucho mejor, aunque eso sí, la estadounidense supo tomarse la derrota con una amplia sonrisa y sin dar más guerra que la que ya había ofrecido sobre la pista. Por delante, una nueva final perdida, esta vez en Roland Garros ante Muguruza, y un reinado femenino que va cediendo terreno día tras día en favor de las más jóvenes.

Era la primera vez que Angelique Kerber se encontraba a tan solo una victoria de lograr la victoria más importante de su carrera, apenas doce juegos la separan de su primer grande a los 28 años en su primera final. La rival no podía ser más dura, Serena Williams, la dominadora del circuito WTA en los últimos años. Pero lo hizo, la alemana estrenó su palmarés en Grand Slam escalando hasta el número dos del mundo, logrando ser la primera mujer que vencía a Serena en una final de este nivel desde que lo hiciera Stosur en el Us Open de 2011. Kerber pagó, semanas después, las consecuencias de la fama y las expectativas, de hecho, hasta abril no volvió a tocar otra final, la que también ganaría en Stuttgart. Un viaje con altibajos hasta instalarse definitivamente entre las cuatro mejores raquetas del mundo.
En Wimbledon todos esperaban de nuevo a Serena, vigente campeona y siete veces finalista. Ocho con la de mañana. Muchos menos tenían sus ojos puestos en Kerber, pese a ser otra magnífica jugadora sobe hierba. Una superficie sobre la que nunca han chocado y que significará la reedición de lo sucedido en el Open de Australia. Desde la temporada 2006, con Amelie Mauremo y Justine Henin, que dos jugadoras no se medían en dos finales de Grand Slam en una misma temporada. En aquella ocasión la francesa y la belga se midieron también en Australia y Londres, saliendo en ambas vencedora la primera. Demuestra lo difícil que es sembrar continuidad en el circuito femenino, mucho más en una temporada única.

Varios datos que destacar. Nunca una jugadora pudo ganarle dos finales de Grand Slam a Serena Willliams en una misma temporada. Y nadie desde Henin en 2007 logró capturar dos majors en un mismo calendario, nadie excepto Serena, claro. En juego está la corona en Wimbledon, puesto que la clasificación no se moverá pase lo que pase: Williams será Nº1 y Kerber Nº2, aunque una vez más toda la presión estará en los hombros de la de Saginaw y ese fantasma de Steffi Graf que le lleva atormentando casi un año. Aquí en el All England Club conquistó su último broche hace doce meses. Es el momento de acabar con todas las revanchas apuntadas o estirar más una maldición que, de momento, parece estar pudiendo con ella.

