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Roger Federer: “Necesito fuego, emoción, la montaña rusa entera”

El suizo radiografía toda su carrera personal y profesional en esta extensa entrevista para The Guardian. “Estoy viviendo el sueño de mi vida”, reconoce.

Con casi 35 años y profesional desde 1998, parece que ya no es posible leer una entrevista o una declaración exclusiva de Roger Federer a estas alturas de su carrera. Afortunadamente, nos equivocamos. El suizo habla acerca de todo lo que le ha rodeado desde que cogió su primera raqueta de tenis en esta charla con el diario The Guardian durante el pasado Roland Garros, donde analiza su mal comportamiento de joven, su relación Mirka, su éxito en los Grand Slams, sus grandes rivalidades y también se atreve con su futura retirada. Todos los temas expuestos por el mejor jugador de la historia de este deporte.

Yo no era un tipo furioso, era un tipo que siempre estaba furioso y descontento”, describe el suizo sobre sus inicios en la élite. “Tiraba la raqueta pero contra la red, era pura táctica para que no se rompiera. Así luego no tenía que ir a mis padres a pedirles otra porque resultaba una buena suma de dinero. Cada vez que hacía esto me preguntaba a mí mismo cómo era capaz de fallar aquel golpe, no me creía lo mal que estaba jugando, simplemente parecía un chiste. Por un segundo me convertía en McEnroe: ¡You cannot be serious! Mis padres resultaron muy decepcionados con aquellos episodios y me pidieron que los corrigiese”, comenta junto a Simon Hattenstone al inicio de la entrevista.

La pregunta es obvia, ¿hubiera sido tan exitosa su carrera de no haber cambiado su actitud a tiempo? “Podría, pero no con la misma extensión. Podría haber ganado varios Grand Slams, grandes torneos, permanecer muchas semanas en el top10, quién sabe. Así he ganado 17, digo yo que alguno hubiera caído, pero no estoy seguro. Tienes que ser muy fuerte mentalmente, físicamente, disciplinado y yo no era nada de eso. Así que estoy muy orgulloso de haber podido darle la vuelta a la situación”, desglosa el ex número uno del mundo.

“La gente decía que con el tiempo llegaría a ser una estrella, aunque también cometería errores. Así que intenté crear un aura de invencibilidad a mi alrededor que fuera difícil de superar”, refleja el suizo, aunque en seguida acepta que no fue fácil. “Los entrenadores me decían que tenía que sacar mis emociones fuera porque dentro no podría manejarlas. Esto al principio parecía bueno pero luego no lo era tanto. Con el tiempo me vi obligado a encontrar un equilibrio. Tampoco podía ser como el hielo, eso sería demasiado aburrido. Yo necesito fuego, emoción, la montaña rusa entera, pero la necesito a un nivel en el que yo pueda manejarlo. Si yo era todo fuego, estaba jod***. Tardaron un par de años en darse cuenta de esto, fue un largo camino”, sorprende el de Basilea.

En seguida su mujer entra en escena. “A Mirka le dijeron que viniera a verme al club de tenis en Suiza, que yo era una gran talento, el futuro del tenis. Y lo que se encontró fue a un joven chillando y tirando la raqueta contra el suelo. Seguramente ella pensaría (irónicamente): ‘¡Sí! ¡gran jugador!, ¡realmente bueno!’, imagina Roger. “Ella siempre ha sido mayor que yo, en todos los aspectos. La primera vez que nos besamos me dijo ‘Eres tan joven’ y yo le respondí ‘Tengo 18 y medio’. ¿Sabes cuando intentas arañar un año más con esta estrategia? Su respuesta fue tajante: ‘Ok, eres un bebé’ “. Pero Federer tiene claro qué papel juega su mujer en esta historia. “Cuando la conocía cero títulos, hoy tengo 88, ella ha estado a lo largo del paseo durante todo este tiempo. Recuerdo que Mirka solía entrenar entre 5-6 horas diarias, sus padres trabajaron muy duro y ella también. Me enseñaron a cómo trabajar duro. Yo solía verle entrenar tanto tiempo y pensar, no puedo hacerlo. Mi mal comportamiento me llevó a la expulsión en varias ocasiones”, se arrepiente el helvético.

Es en 2001, en Wimbledon, cuando una victoria ante Sampras le cambia la vida. Y en 2002, cuando los malos resultados le devuelven a la realidad. “De repente la gente empezó a preguntar dónde se había ido el talento, estaban preocupados por si lo había tirado a la basura. Mis padres y mi novia (todavía no estábamos casados) seguían confiando en mí pero la prensa ya insinuaba la posibilidad de que fuera psicológicamente defectuoso”, asevera.

“Mis puntos de inflexión más importantes son la victoria ante Sampras en Wimbledon 2001, aquello fue como lanzar un desafío; mi título en Wimbledon 2003, sentí cómo cumplía un sueño, como si mi carrera pudiese terminar ahí mismo porque había logrado ser por fin campeón en Wimbledon; y el tercero cuando gané Roland Garros 2009, fue un gran golpe ya que pensaba que jamás podría ganarlo, pero lo hice y fui muy feliz, sentí también un gran alivio”, rememora el campeón de 17 grandes.

Entre tanta gloria y algún que otro resbalón, apareció alguien que bien merece un capítulo aparte. “Nadal ha sido el mayor rival de mi carrera, aunque estoy a tiempo de cambiarlo si vuelvo a cruzarme con Novak en algunas citas importantes del calendario. Novak y yo hemos protagonizado grandes partidos pero la rivalidad con Rafa siempre será especial, sobre todo por aquella final en Wimbledon 2008. Al ser zurdo me hacía más daño, jamás vi a nadie cometer ese giro de muñeca como él, tuve que cambiar aspectos de mi juego para hacerle frente”, descubre el de 34 años.

Interesante es conocer cuá es el mejor tiro efectuado en su carrera, aunque imposible elegir una. El periodista le propone ese revés paralelo que dibuja en la final de Wimbledon 2008 con pelota de partido en contra. “Oh sí, ese tiro es realmente bueno, pero nunca me viene a la mente porque terminé perdiendo la final. ¿Quién se acuerda de un gran golpe después de perder el partido? También me hablan del golpe entre las piernas ante Djokovic en el Us Open 2009”, responde Federer, quien también se anima a comentar el secreto de su famoso SABR. “Mi entrenador me lo propuso y me pareció divertido, suena ridículo. Pero empecé a ganar muchos puntos así, al principio con 15-15 y finalmente en puntos de quiebre”.

Al principio un volcán, luego algo más frío, pero este suizo legendario siempre demostró tener las emociones dentro y fuera de su figura, como aquella primera vez que lloró tras ganar una serie de Copa Davis. “Le ganamos a los americanos en Basilea, en mi ciudad, donde yo fui recogepelotas. Cuando por fin ganamos la eliminatoria me sentía exhausto, feliz y rompí a llorar. Yo mismo me preguntaba, ¿qué es esta emoción? No sabía lo que tenía dentro de mí. Luego con Sampras en Wimbledon 2001 salvé un punto de quiebre y terminé ganando 7-5 en el quinto set con un ganador de derecha a la línea. Me caí de rodillas y me rompí de nuevo. Pensé algo como, ¿pero estás loco, qué te pasa? Supongo que una de las razones por las que sigo jugando es la de poder revivir alguna de estas emociones”, sostiene el heptacampeón de Wimbledon.

Por supuesto, también había que toca aquella final de Australia 2009 ante Nadal. “Después de perder una final la cabeza te da vueltas, me puse a llorar por todo lo que me había costado llegar hasta allí. El momento resultó horrible. Aquel era el momento de Rafa y entendí que debía alejarme de él. Estaba enfadado conmigo mismo, por aquella situación extrema y por todo lo que se leería después. La gente ya lo veía como un signo de mi decadencia, temía que no pudieran aceptar que ahora también perdiera finales en pista dura ante Rafa”, recuerda con cierta angustia.

Sin embargo, de aquella rivalidad nació una buena amistad, pero no la única. “Andy Murray es muy divertido, me gusta charlar con él. Gael Monfils es muy divertido, además siempre está relajado. No hay un tipo con el que no me lleve bien, algo que hace de esta excursión un viaje mucho más agradable. Al principio, de joven, era todo más duro, como en los años 80 o 90, ahora los enfrentamientos siguen siendo igual de duros pero nadie se guarda rencor”.

¿Y qué le pone de los nervios a Roger Federer en la actualidad? “En los viejos tiempos los jugadores no gruñían tanto, pero ahora parece que todo el mundo lo hace. Siempre he pensado que si hiciera eso no podría concentrarme en el juego. Lo tolero hasta un cierto nivel, pero no me guste que se grite demasiado fuerte o que se utilice en los momentos clave, ese se convertiría en un gesto antideportivo. Tampoco simpatizo con algunos tics, me frustro cuando los árbitros permiten ir por encima del límite de tiempo. No quiero que perdamos espectadores por estar jugando dos puntos cada dos minutos”, confiesa el suizo con sinceridad.

El caso Sharapova también merecía conocer la opinión del tenista. “No importa si lo hizo a propósito o si no sabía que estaba prohibido, usted tiene que ser juzgado con la misma vara que el resto. Usted no tiene permiso para hacer eso, uno siempre debe estar seguro de lo que está ocurriendo dentro de su cuerpo”, atestigua.

Y por último, el tema más recurrente en los últimos tiempos, el de la maldita retirada. “Vamos a ver, tampoco quiero decir que ahora estoy disfrutando más, simplemente es diferente. Hoy en día todavía conservo un amor profundo por este juego. Antes perseguía este sueño, ahora lo estoy viviendo y aprecio que todavía pueda hacerlo. Es una sensación maravillosa. Desde que gané en París 2009 hay gente hablando de mi retiro, algunos se preguntan por qué sigo en activo. ¿Es que no entienden que jugar al tenis es realmente divertido? No necesito ganar tres Grand Slams por temporada para estar contento. Si el cuerpo no puede hacerlo, si la mente no quiere hacerlo, si a mis hijos no les gusta o si mi esposa no quiere que lo haga, entonces lo dejo mañana mismo. Sin problema. Pero me encanta el tenis de una manera tan inmensa que no importa si no gano nunca más. Para mí eso es irrelevante

Cada vez más experto pero también más veterano. De poder elegir un último lugar donde reinar, Roger Federer no necesita ni dos segundos para ofrecer su respuesta. “Wimbledon, allí es donde mis héroes -Becker, Edberg, Sampras- ganaron. Allí gané como junior en 1998 mi primer Grand Slam, allí he ganado partidos increíbles. Wimbledon es el Santo Grial”.