Muguruza, a la final por aplastamiento

La española concede seis juegos ante Samantha Stosur y avanza hasta su segunda final de Grand Slam. A un paso de la corona en París.

Fernando Murciego | 3 Jun 2016 | 14.27
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Garbiñe Muguruza confirmó que no ha venido a París de vacaciones. La jugadora española sumó su sexto triunfo en el presente Roland Garros ante una Samantha Stosur que evidenció que la edad siempre es un factor a tener en cuenta (6-2, 6-4). Eran diez años de diferencia entre una y otra, aunque la balanza de la ilusión se decantaba por varios kilos a favor de la pupila de Sam Sumyk. De menos a más a lo largo de estos quince días, la número cuatro del mundo pisará mañana su segunda final de Grand Slam, la primera en los Internacionales de Francia, lugar donde ya solo una victoria la separa de la corona.

El primer set es una prueba de velocidad que Garbiñe aprueba con un sobresaliente. Enchufadísima ante su primera semifinal en Roland Garros, tomando con gusto la iniciativa de un partido donde los nervios debían ser protagonistas pero que, de momento, no hacían acto de presencia. Con una derecha poderosa, un servicio todavía mejorable pero una solidez extraña para este tipo de situaciones, la española apretó tanto el acelerador que su rival terminó desbordada en la pista. Y repetimos, todavía tenía margen de mejora.

Incluso la lluvia respetaba esta velada en la que un ciclón de 182 centímetros de altura arrasaba con la veterana australiana en la pista Suzanne Lenglen. El guión apenas cambiaba en el segundo asalto, con la australiana totalmente descolocada frente a una joven con un objetivo muy claro en mente: ganar a cualquier precio. El derrumbamiento estaba siendo una realidad pese a que en su único antecedente, en la arcilla de la Caja Mágica, había sido la de Brisbane la que había conseguido llevarse el gato al agua. Esta vez, sin agua ni gatos de por medio, Muguruza bailaba al son de su derecha mientras su oponente veía como un imposible aquella final que lograra en París hace un lustro.

Todo estaba saliendo bien, parecía un sueño. Los golpes, la ausencia de errores, pero sobre todo la actitud. Enfrente una campeona del Us Open curtida en mal batallas sucumbía ante la nueva generación, una nueva hornada de tenistas lideradas por una caraqueña de 22 años con una proyección que ni ella es capaz de gestionar. Pero claro, una cita como ésta no podía ser tan sencilla, mucho menos cuando está Sam Stosur en el ajo. Los puntos se apretaron, el marcador se ajustó y los breaks se repartieron. Eso sí, el desenlace de aquella película no había quien lo cambiara.

Ha pasado casi un año desde que Serena Williams derrotara por un doble 6-4 a Garbiñe Muguruza en la final de Wimbledon 2015 en lo que significaba la primera gran final de Grand Slam para la española. “No será la última”, advertimos todos. Qué poco nos equivocábamos, aunque con el talentazo de la caraqueña era como jugar sobre seguro. París ofrecerá una oportunidad de oro a la número cuatro del mundo. Bien ante Bertens o, de nuevo ante Serena, todo el país volverá a reunirse frente al televisor con la emoción de ver cómo Garbiñe pasa de ser un proyecto a convertirse en una realidad.