Janko Tipsarevic volvió en Roland Garros a saborear la competición al más alto nivel después de mucho tiempo parado por diferentes problemas físicos que le han impedido rendir. No tuvo demasiada suerte el serbio con el sorteo ya que le tocó en primera ronda el canadiense Milos Raonic. Tipsarevic estuvo a punto de llevar el encuentro a un cuarto set, pero cayó en el desempate de la tercera manga.
"Me empecé a sentir mejor en los últimos juegos del partido y en el tiebreak", comenta el serbio a la web de la ATP. "En esos momentos habréis podido ver la falta de partidos que tengo en los últimos dos años. Fallé tres o cuatro golpes en el desempate que no debí haber fallado. Si hubieran entrado, me hubiera llevado el set", agrega.
Después de haber pasado por un tumor en su pie, una tendinitis en el tendón rotuliano de su rodilla le frenó en seco el pasado mes de agosto. Ha ido compitiendo en algunos torneos Challenger para ir cogiendo forma. Algo que espera ir consiguiendo con el paso de las semanas ya que planea seguir alternando torneos Challenger con otros del circuito ATP. "Hace cuatro meses estaba en la cama sin poder levantarme, así que estoy feliz de simplemente poder jugar", admite.

Y es que el tendón rotuliano de su rodilla le volvió a meter en el infierno del que creía haber salido después de 18 meses luchando contra un tumor benigno en su pie. Los médicos le decían de volver a los entrenos de forma paulatina, pero el dolor no terminaba de irse por completo. Eso le obligó a bajarse de todos los torneos a comienzos de temporada. "No sabía qué hacer. No podía ni andar el pasado diciembre. Entonces, recordé que Nadal había pasado por problemas en sus rodillas años atrás y le llamé", cuenta el serbio. "Me recomendó acudir al doctor Ángel Ruíz Cotorro, que le ayudó con un tratamiento con células madre".
Tipsarevic explica que eso fue lo que realmente le ayudó en su problema. "Me tomaron las muestras y se tomaron hasta dos semanas para 'cocinarlas' lentamente. Entonces, me la inyectaron directamente en el tendón bajo anestesia general. No creía en este tratamiento, pero en sólo dos semanas me ayudó un montón", explica.
El carácter luchador que tenía en pista el serbio le ha servido para no dejar de creer en que un día podía salir del infierno en el que se encontraba. Sus grandes victorias en pista puede que vuelvan a tardar en llegar, pero para él, la mayor victoria ya la ha conseguido pudiendo volver a sentirse tenista.

