Parece que la controversia, la polémica y el desasosiego son los grandes compañeros de viaje del australiano Nick Kyrgios en sus primeros años en el circuito profesional. La última lo tuvo en su estreno en Roland Garros 2016 frente a Marco Cecchinato. Gritarle a un 'ballboy' le costó un warning del juez de silla y claro, Kyrgios explotó.
"Towel!". Con un grito bien audible Nick Kyrgios pedía toalla tras un punto perdido en su partido de primera ronda de Roland Garros frente al italiano Marco Cecchinato. La reacción inmediata del juez de silla, el portugués Carlos Ramos, fue la de advertirle con un 'warning', lo que desató definitivamente la irá del tenista de Canberra. "Así que cuando Djokovic empuja a un juez de línea, no pasa nada. ¿Es así? Cuéntaselo al mundo entero. Jodida mierda".
Ramos should not be allowed to work any more Kyrgios matches for rest of 2016. Absolutely AWFUL call. pic.twitter.com/pMAEiz1s9R
— Ricky Dimon (@Dimonator) 22 de mayo de 2016
Una salida de tono más de Kyrgios que no hace sino acrecentar la fama que se ha venido labrando desde que saltó al estrellato de chico malo y problemático. El 'aussie' tiene claro el seguimiento que se le está haciendo y el rasero con el que se le mide. "Hay demasiada basura y negatividad tendenciosa escrita sobre mí en la prensa australiana, pero yo no puedo controlar eso. Y esto lleva a la gente y a los jueces a tener un punto de vista sobre mí que es realmente correcto", alega Kyrgios. "Solo me queda mantener la cabeza recta, seguir trabajando, haciendo lo que hago y siendo yo mismo", se reafirma.

Esta nueva escaramuza del oceánico vuelve a poner en entredicho su elegibilidad para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El Comité Olímpico Australiano ya ha avisado a Kyrgios de que sus problemas de comportamiento pueden suponer que se quede fuera de la cita olímpica, si bien la Federación Australiana de Tenis le ha dado su apoyo. Kyrgios saca los dientes: "No voy a permitir que nada me impida representar a mi país or afectar el deseo de competir por el verde y dorado (colores de Australia)", ha dicho.
La bomba de relojería que es la cabeza de Nick Kyrgios volverá a ponerse a prueba en su siguiente encuentro en Roland Garros contra el holandés Igor Sijsling. Su futuro en los Juegos pende de un hilo y su reputación sigue bajando. Veremos si aprende a controlarse.

