En la piel de Paire

Ponte en la piel de Benoit Paire. Intenta comprender su manera de entender el tenis. Su sonrisa. Su jubilo. Su despreocupación. Aceptémoslo tal y como es

Alejandro Arroyo | 25 Apr 2016 | 18.11
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En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
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"It's amazing". Es lo único que puede exclamar Novak Djokovic -foto que encabeza el texto- cuando un golpe prácticamente calcado al que Benoit Paire ejecutó con matchpoint en contra ante Nishikori en las semifinales del Godó le engaña por completo en el partido que les enfrenta en Cincinnati 2015. El mismo tiro que también realizó el francés ante Matosevic en la Hopman Cup y que reformula una manera de entender el deporte de competición. Un jugador con sus propias reglas de satisfacción.

Hay un catálogo de metas y ambiciones que unen al común de los tenistas, entendido por todos los aficionados que procesan la carrera de un jugador a través de su progresión, su sacrificio, su discurso, su orden y su mentalidad; ese carril lineal y compartido que genera aprobación y reconocimiento. Es el universo del tenis profesional. Pero es precisamente el tenis una de las disciplinas que con mayor frecuencia contempla la creación de universos ajenos al suyo; paralelos y propios al de un solo jugador.

Curiosamente es Francia la nación que enumera con asiduidad este tipo de competidor que sonríe feliz aunque todo esté perdido. Es sólo un partido de tenis. Santoro, Leconte, Noah, Monfils, también Pioline. La libertad de Tsonga a la hora de jugar, sin que ningún entrenador le encorsete. Entre todos Paire, un tipo que va a la contra cuando por potencial tendría el derecho y la obligación de caminar recto. De ganar. Ha llegado un punto en el que Paire, quizás desde el primer momento incluso, se justifica en que no necesita la victoria para gustar y para ser.

Paire es de los que cree que el problema no es suyo, sino del que mira, pide y exige lo que sus experiencias como aficionado le dicen que un jugador debe llegar a ser. Él discurre, piensa, actúa y siente desde un prisma completamente alejado a los estándares competitivos. Cuando con 3-6 2-5 y bola de partido en contra ante Nishikori, levanta los brazos al cielo tras crear ese tiro delirante, es que su bienestar tiene una escala de valores muy diferente.

Benoit enfrenta hace justo ahora dos años a Nadal en Roland Garros. 12 horas antes de chocar con Rafa, el francés cena una pizza gigante y una bandeja de jamón serrano. Tras perder, a las dos horas de terminar el encuentro se dirige a un McDonalds para engullir cuatro hamburguesas y un litro de Coca-Cola. La respuesta inmediata en el observador es la de la decepción. Pero una vez el jugador traza en la pista y en la vida una manera de ser genuina, la decepción es sólo incomprensión.

Una vez un jugador toma un camino que le satisface independientemente de un resultado concreto que a todos los demás castigaría, deberia de ser aceptado. Una vez comprendida su conducta, dejar fluir al talento sin normas que ha hecho de Paire un acontecimiento único, con flashes para la historia y un sentido lúdico sin parangón. Lo que para muchos, casi todos nosotros, es un defecto competitivo, en el universo Paire no es un problema. El problema es nuestro.