El mes de marzo nos ha dejado dos líderes absolutamente indiscutibles ahora mismo en el mundo del tenis. El serbio Novak Djokovic en el circuito masculino y la bielorrusa Victoria Azarenka en el femenino. Ambos han atrapado los dos grandes torneos de Indian Wells y Miami, ambos transmiten una sensación de poderío y confianza exultante y ambos demuestran un hambre de triunfos y de querer más que asusta y que amenaza con que 2016 sea una auténtica dictadura por su parte. Pero con el cambio de superficie… ¿hay alguna opción de que esta tónica cambie, de que les tiemble la mano?
Ya el comienzo de la temporada con el previo al Abierto de Australia daba señas de que Djokovic y Azarenka estaban muy fuertes. El serbio se paseaba en Doha y la bielorrusa en Brisbane. Djokovic era tremendamente favorito para el Australian Open y Azarenka, con la excepción de Serena, también tenía muchas papeletas. En Melbourne Vika falló, echó abajo los pronósticos cayendo con la eventual campeona Angelique Kerber en los cuartos, pero lo que ha venido en marzo ha confirmado lo visto en enero.
La trayectoria en el mes de marzo de los dos tenistas de moda en el tenis actual ha sido incuestionable, autoritaria. Djokovic solo ha cedido un set y fue en su primer partido en Indian Wells y la de Minsk dejó escapar dos mangas también en California ante Stosur y Pliskova en semis. En Miami ambos han levantado el trofeo sin alargar sus partidos al tercero. Por la vía rápida que se suele decir.

Ya el hecho de que hayan repetido en los dos torneos fuera de Slams más grandes del tenis mundial es algo muy reseñable. Lo curioso de verdad es que hayan coincidido en el tiempo. Es solo la tercera vez que ocurre. Para la primera hay que retrotraerse a 1994, año en el que en categoría masculina repetía título Pete Sampras y en categoría femenina Steffi Graf. Más adelante, en 2005, sería Roger Federer quien hizo el doblete mientras que en chicas le correspondía el honor a la belga Kim Clijsters. ¿Dominaron con puño de hierro el resto de la temporada? El suizo, mantendría su liderazgo como número 1 del mundo ganando 2 de los 3 Grand Slams restantes ese año. La belga, que venía de no disputar el Australian Open y había caído en el ranking, bajo el nivel en la tierra que tan poco le iba y solo brilló en el US Open, donde alzó el título. En 1994, Sampras ganaría únicamente Wimbledon mientras que Graf, tras un inicio de año increíble, no levantaría esa temporada ningún Grand Slam más.
¿Qué se puede esperar de Djokovic y Azarenka en la gira de tierra batida que nos acompañará hasta el mes de junio? En el caso del serbio, todo indica que continuará la dictadura. Su nivel en tierra batida, aunque pueda ser sensiblemente inferior que en cemento, sigue siendo excelente. Además, en su horizonte continúa una gran meta, ganar Roland Garros y cerrar el Grand Slam con mayúsculas. Se prevé un Djokovic en tierra terrorífico. El cansancio mental ya es otra cuestión. Aunque el de Belgrado parece inmune a ello.

Victoria Azarenka supone un interrogante bastante mayor. Sus prestaciones en polvo de ladrillo siempre han decaído notablemente con respecto a las pistas duras. No tiene en su palmarés ningún torneo en tierra batida de nivel Premier 5 o Mandatory, esto es, Roma y Madrid. Y desde luego, tampoco Roland Garros, donde su tope son las semis de 2013. Aunque posee dos finales en la Caja Mágica y una en el Foro Itálico. Peligrosa en cualquier caso.
Ya veremos cuál es el desempeño de estas dos fieras tenísticas en la gira de tierra batida. Más que en el cambio de superficie, el desgaste mental puede que sea el peor enemigo que tengan Novak Djokovic y Victoria Azarenka para seguir esta senda del triunfo que con tanta autoridad están llevando en 2016.

