Djokovic se libra del sol y de Sousa

El serbio tuvo una batalla ajustada ante el portugués con una versión que fue de menos a más. En octavos de final chocará con Thiem.

Fernando Murciego | 28 Mar 2016 | 00.50
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Novak Djokovic cumplió su papel de favorito en tercera ronda tras inclinar a Joao Sousa (6-4, 6-1) en un partido que empezó con más igualdad de la esperada pero que se saldó con el mismo ganador que en sus últimos once partidos en Miami. El vigente campeón avanza una ronda más, hasta octavos de final, donde tendrá la primera prueba de fuego de la semana: el austriaco Dominic Thiem.

No era el partido más caluroso –es lo que tiene ser el número uno, que gozas de mejores horarios- pero Novak Djokovic iba a terminar sudando la gota gorda. Sobre todo en la primera manga. Todos conocemos a Joao Sousa, ese jugador asociado rápidamente a la tierra batida pero que puede ponerte en muchos problemas en superficie rápida. Incluso en indoor (recuerden el torneo de Valencia). El portugués salió a por todas en lo que significaba su tercer duelo frente al serbio, oponente al que nunca le había podido arrebatar un solo set en citas previas, ni siquiera forzar un tiebreak. Esta vez, volvería a marchitarse de nuevo en la orilla.

Djokovic no funcionaba con la máxima brillantez que su maquinaria podía ofrecer, el clásico medio gas de las primeras rondas. Tirando mucho de primeros servicios y hundiéndose de manera sorprendente con los segundos (apenas un 25% de puntos ganados tras finalizar el primer acto). En líneas generales, le faltaba la fluidez que le caracteriza, mientras Sousa le apretaba los tornillos desde el fondo de la pista. Correoso como nunca, el de Guimaraes recibió la primera ruptura en el cuarto juego del encuentro, aunque no lo puso nada fácil. Aquello le sirvió al luso para incentivar sus propósitos y recuperar ese mismo terreno al juego siguiente. Necesitó cuatro pelotas de quiebre, pero lo consiguió.

El de Belgrado terminó por los suelos en ese último punto, trastocado e impresionado por ver lo vulnerable que puede llegar a ser en ocasiones. Se desprendió de su gorra, agarró su raqueta y salió a la cancha a poner los puntos sobre las íes. Entonces fue cuando aquel 4-4 se convirtió en unos instantes en un 6-4 a favor del balcánico. Sí, estaba cabreado. Son esos típicos golpes de orgullo que tienen los números uno cuando las cosas no van como ellos esperan, justo para exteriorizar su verdadera grandeza y aniquilar todas las ilusiones del hombre que tienen al otro lado de la cinta.

El segundo parcial iba a depender de si Sousa seguía confiando en sus oportunidades o no. Nada más comenzar tuvo que abordar un 0-40, muy duro. Pero lo amarró bien. Después, en su segundo juego desde la línea de saque, volvió a aparecer aquel agujero. De allí ya no pudo salir. Djokovic dominaba 2-1, y 4-1 y aquello ya estaba visto para sentencia. Como tantas veces hemos visto en su carrera, cualquier chance de ganarle un partido al serbio pasa siempre por la primera manga. Si allí cedes, puedes ir haciendo las maletas.

Seguimos sin ver al gran Djokovic de la temporada anterior, al martillo sin piedad que devoraba a sus rivales antes de salir a pista. Ahora les deja jugar, les abre la puerta, se acostumbra a sufrir (a ratos) pero el resultado sigue siendo el mismo. Sin perder en Masters 1000 desde Cincinnati, si perder en Miami desde 2013, el líder del vestuario masculino ya está en octavos de final y se encuentra a cuatro pasos de su cuarta corona del curso. Dominic Thiem buscará parar al rey de Crandon Park.