Roger, no sabes cuánto te eché de menos

Roger Federer volverá mañana a las pistas en Miami, exactamente 57 días después de su último partido oficial. Nunca tuvimos que esperar tanto para verle.

Hace exactamente 56 días que no vemos a Roger Federer competir sobre una pista de tenis. Mañana volverá a las pistas en Miami habiendo dejado atrás 57 días de ausencia. Nunca habíamos tenido que esperar tanto para verle competir.

Si lo miras bien, 57 días no es mucho tiempo. Tan sólo ocho semanas. Porque el tiempo pasa deprisa, o eso dicen, y no nos hemos dado mucha cuenta pero eso sí, la espera se nos ha hecho eterna sin ti. ¿Sabes, Roger? 57 días, si lo piensas, no es mucho. Y sin embargo, nuestras vidas han cambiado tanto en este tiempo.

Nos hemos enamorado. Hemos bañado en vino muchas madrugadas hasta descubrir a qué sabe la felicidad en los labios de ella. Hemos conocido lo que duele el miedo a perder a tu madre. Hemos llorado de pánico en la sala de espera de un quirófano en un Hospital. Pero también sonreímos al verla volver a casa. Hemos recordado cómo era nuestra vida hace justo un año y hemos comprobado con alegría lo bien que hemos salido después de estar metido en ese pozo tan lleno de mierda en el que estábamos.

Hemos cumplido sueños que hacían más de 10 años que nacieron. Nos hemos sentido protagonistas por una noche de la mejor película de Hollywood que se pudo haber filmado. Hemos reído hasta que nos dolía el estómago. Hemos visto a amigos hacer las maletas y partir hacia otro país. Te vimos entrenar después de tu operación. Hemos conseguido un trabajo nuevo que hacía años estábamos esperando. Nos hemos independizado. Hemos tenido miedo al principio por ello, pero satisfacción y alegría después.

Nos hemos apuntado al gimnasio después de toda una vida diciendo que lo haríamos y por fin dimos el paso. Nos hemos puesto a comer sano. Nos hemos levantado cada día con una sonrisa por el cambio que había tomado nuestra vida. Nos han subido el sueldo. Te vimos anunciar que no volveríamos a verte hasta Montecarlo. Nos entristecimos por ello. Nos alegramos después al descubrir que te adelantabas y te veríamos en Miami. Acabamos aquella noche perfecta haciendo el amor en la playa bajo la luz de la luna llena y mientras sentíamos el rumor de las olas en la orilla de fondo. Sí, como en las películas. Nos dimos cuenta tarde de lo que realmente es la vida, aprovechar el tiempo lo máximo posible y vivir experiencias. Nos dimos cuenta tarde, pero al menos lo hicimos.

Hemos planeado nuestras vacaciones. Nos hemos despertado a su lado y comprobamos una vez más lo preciosa que es su sonrisa de recién amanecida. Hemos desayunado en la cama. Hemos organizado un reencuentro con amigos que hace cinco años que no vemos. Hemos visto que crearon un emoticono especialmente para ti. Hemos comprobado como sólo un problema ocular puede parar a este Djokovic, ése que es tu mayor enemigo hoy día y que te impidió un par de veces conseguir tu 18º. Te vimos entrenar de nuevo en Miami y contamos los minutos para verte de nuevo.

¿Sabes, Roger? 57 días no son tanto. Si lo piensas, no es mucho. Pero ha sido la mayor cantidad de tiempo que hemos tenido que esperar para volver a verte con una raqueta en la mano compitiendo en una pista de tenis. Y, ¿sabes? El otro día me di cuenta de una cosa. Iba a empezar Indian Wells y no me sentía ilusionado. Es que, es Indian Wells, ¿eh? Que no es un torneo cualquiera, y no... no me apetecía verlo demasiado. Sabía que no ibas a estar tú y es como que me faltaba algo. Echaba en falta ese plus de ilusión que me hacía sentarme en mi sillón y ponerme a ver tus partidos. Y entonces sentí miedo.

Miedo porque me di cuenta en estos 57 días cómo se sentiría el día que ya no estés. El día que decidas retirarte. Porque llegará. Parece que lleves ahí toda la vida y que nunca te irás, pero llegará ese maldito día que abra Twitter y lea que anuncias que te retiras. Y entonces no habrá cuenta atrás para tu vuelta. Tendrán que pasar más de estos 57 días que han pasado ahora y no volverás. Porque estos días sin ti han sido como un aviso. Como ese anuncio que hacen por megafonía cuando vas en el tren y te dicen que quedan tres paradas para tu destino. Y entonces supe que a partir de ahora debía aprovechar cada punto que juegues, porque dentro de un tiempo ya no podré dejar lo que esté haciendo para ponerme un partido tuyo. No podré alegrarme de tus victorias. Lamentarme de tus derrotas. Porque este tren está llegando a su destino y aunque no quiero que llegue, algún día lo hará.

Porque sé que el tenis seguirá estando ahí cuando tú te vayas. El tenis, como la propia vida, continuará. Otros vendrán y ocuparán los sitios donde tú solías estar. Lo harán, pero no será lo mismo. Porque para mí el tenis sin ti, es un poco menos tenis, qué quieres que te diga.

Todavía queda camino por recorrer. Aun no hemos llegado. Disfrutemos del camino, que es lo que de verdad importa. Qué bueno que volviste. Y es que, Roger, no sabes cuánto te eché de menos.

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