En marzo de 2001 se vivieron momentos bochornosos para el mundo del tenis. Dos tenistas, un padre, toda una familia, señalada y vilipendiada por un torneo y un público, el de Indian Wells. Acusaciones de amaños de por medio, las Williams fueron abucheadas por negarse Venus a jugar las semifinales ante su hermana Serena por una lesión. Muchos pensaban que estaba el padre, Richard, detrás de este y otros partidos entre ambas. Esta animadversión hacia ellas hizo que no volvieran a jugar en el desierto californiano hasta que el año pasado Serena tomó la decisión de volver. No así Venus. Ahora, en 2016, la mayor de las Williams decide levantar también el veto al torneo y acudir tras 15 años sin hacerlo. ¿Por qué? ¿Y por qué un año después que Serena? La propia Venus nos lo cuenta en una emotiva carta que no os podéis perder y que recoge ThePlayersTribune.
“Hay algo fundamental acerca de ser la hermana mayor, cuando tú eres la hermana mayor, tú eres la primera, siempre, siempre la primera.
A veces, es una ventaja. Ser la hermana mayor significa que eres la primera en conseguir el carné de conducir. Significa que eres la primera en tener una cita. Eres la primera que puedes quedarte despierta hasta tarde o sola en casa. Significa que eres la primera en crecer.
En el caso de mi familia, también significa que eres la primera en convertirte en tenista profesional. La primera en jugar un torneo de la WTA. La primera en jugar contra una número uno del mundo. La primera en derrotar a una top 10, en disputar un Grand Slam, en llegar a la final de un Grand Slam. Y, por supuesto, la primera que se convierte en famosa.
Yo fui la primera sobre la que se escribieron artículos. La primera a la que pidieron autógrafos. La primera sobre la que se realizaron especiales en televisión, a la que le fueron entregados premios, a la que pusieron zapatillas con mi nombre. Fui la primera en ser conocida por su nombre de pila. ‘Venus’, simplemente Venus. Yo soy la hermana mayor, yo tuve que ser la primera. Y estoy orgullosa de ello. Aunque algunas veces, ser la hermana mayor supone una responsabilidad.

Para mí, ser la hermana mayor significa que cuando hice mi debut como profesional, yo era la única jugadora del circuito que se parecía a mí. Era la única jugadora con mi color de piel, con mi pelo, con mi pasado, con mi estilo. Ser la hermana mayor significa que, cuando me convertí en número uno del mundo en 2002, no era simplemente la número uno del mundo. Era también la primera americana negra en llegar al número uno. Y significaba que tenía que soportar yo misma toda la relevancia de lo que había conseguido. Y estaba enorgullecida de hacerlo.
Ser la hermana mayor significaba que, cuando mi hermana pequeña hizo su debut como profesional, yo me pasé a ser muchas cosas para ella – su colega, su competencia, su socia en el negocio, su compañera en el dobles. Pero yo todavía era, primero y ante todo, la única cosa que yo había sido siempre para ella: su familia. Yo fui su protectora – su primera línea de defensa contra las fuerzas externas. Y me alegré por ello.
Ser la hermana mayor… Yo no me tomé esta responsabilidad a la ligera. Yo sabía por lo que ella iba a pasar – debutar como tenista profesional, crecer delante de las cámaras, entrar en la esfera pública como una adolescente negra – y yo conocía lo duro que eso podía ser. Y sabia también lo que hubiera querido tener una hermana mayor en el circuito durante mi primer año, y cuán de orgullosa estaba por saber que mi hermana me tenía a mí. Serena siempre me ha tenido a mí. Pero nunca se lo llegué a decir. Ser la hermana mayor significa que no hay nada nunca que deba ser dicho en alto. Se sobreentiende: ‘Tú lo puedes hacer. Lo hiciste, así que lo puedes hacer. Solo sigue mis pasos’. Ser la hermana mayor significa que tú realmente no haces el camino. Tú enseñas la manera de hacerlo.
Aunque, sobre todo, ser la hermana mayor es un vínculo. Y un vínculo no tiene edad y no tiene dirección. No está definido por quién es más mayor o más joven o quién tiene cuales responsabilidades o cuales beneficios. Un vínculo nunca trata sobre quién es el primero. Un vínculo se basa en la fuerza.

Ser la hermana mayor de alguien significa ser fuerte para él o ella. Y a veces ‘ser fuerte’ significa, sí, ser fuerte. Pero otras veces – bastante más a menudo – realmente quiere decir estar ‘allí’. Significa estar allí, cuando se necesite, no importa el qué. Y esto, por encima de todo lo demás, es lo que significa para mí ser la hermana mayor. Significa estar allí. Significa estar allí para Serena.
Cuando Serena decidió jugar Indian Wells el pasado año, yo me sentí orgullosa de ella. No había puesto un pie en esos lares desde nuestro torneo de 2001 – ninguna de nosotras. Proponiéndome la decisión, Serena me contó que había estado leyendo mucho sobre Nelson Mandela. Ella había estado aprendiendo de él, pensando en él – procesando todas esas complejas cuestiones sobre su viaje y sus principios. Sobre el perdón.
Cuando Serena se vuelve apasionada por algo, puedes ver como se le iluminan los ojos por ello. Y puedo decir a ciencia cierta que aprender sobre el señor Mandela era algo que ella se tomó muy seriamente. Y no por tanto, no me sorprendí para nada cuando, al poco, de que podía existir una oportunidad única para ella en Indian Wells – no solo para aprender de las experiencias de Mandela, sino para aplicar lo que ella había aprendido.
Estoy orgullosa de Serena por muchas razones: Por el sentido de la responsabilidad que ella manifestó abordando nuestra complicada historia en Indian Wells; por llevar a cabo su decisión con tanta convicción; por expresar su decisión con tanta claridad y elegancia; y por supuesto, por jugar con esa misma claridad y elegancia.
Y yo sabía que estaría allí por Serena, no importa el por qué – porque esto es lo que hacen las hermanas mayores. Ellas están allí. Yo la ví y la animé. Y estaba muy, muy orgullosa. Pero así como estaba orgullosa, la realidad es que, mis sentimientos no habían cambiado: Yo no creía que jugar Indian Wells de nuevo fuera algo que yo fuera a hacer.

En la pista, Serena es mucho más emocional que yo – y todo el mundo ve su lado competitivo mucho más que el mío. Pero esto no significa que yo no sea emocional ni que no sea competitiva. Creo que yo simplemente… soy más instintivamente reservada sobre ello. No de una forma consciente. Solo es mi forma natural de expresarme. Y honestamente, a mí manera, yo puedo incluso ser la más competitiva de las dos. Creo que esta habilidad de Serena para ser transparente en la pista le permite trabajar con más facilidad con sus emociones. Para mí, en cambio, es un proceso más conflictivo. Mi silencio me permite sumirme en mis pensamientos. Y una vez que siento algo de forma certera, mi competitividad puede hacer que sea más lento para mí cambiar de idea sobre algo. Y esto es lo que me pasó a mí con Indian Wells.
Por un lado, mis recuerdos de lo que pasó en 2001 están todavía muy vivos. Recuerdo mi partido de cuartos de final contra Elena Dementieva como si fuera ayer: 6-0, 6-3, un victoria realmente buena sobre una gran jugadora. Recuerdo el dolor de mi lesión de rodilla, y como de mala manera quería jugar las semifinales ante Serena – antes de que aceptara que no era capaz de poder jugar. Recuerdo las acusaciones hacia mí, hacia mi hermana y hacia mi padre. Recuerdo la reacción del público, mientras caminaba hacia mi asiento durante la final de Serena. Y recuerdo como yo no entendía porque miles de personas actuaban de esa manera – hacia una chica de 19 años y otra de 20, dando lo mejor de ellas. Hay cosas ahí que si las repasas con cierta edad, simplemente no las puedes olvidar.

Pero por otro lado, cuando pienso sobre ello ahora, todos estos años antes – no es tanto por los recuerdos de estos eventos, sino por los recuerdos que tengo de lo que sentí en ellos, que me sobrecoge. Recuerdo el dolor que sentí. Recuerdo mi confusión, mi decepción y mi tristeza. Recuerdo como la cobertura de ello por aquel entonces no parecía involucrarme tanto a mí y a Serena, a la gente – como a la historia en sí misma. Y con la versión de la historia que generaba mayor atención, sin tener en cuenta la verdad. Recuerdo sentir que se me había malinterpretado, y que yo no había hecho nada malo. Recuerdo sentir que me había sido golpeada con la culpa de esta situación. Y recuerdo dejar Indian Wells en 2001 sintiendo que no era bien recibida allí.
No sentirse bien recibida en cualquier sitio es un duro recuerdo que almacenar - a cualquier edad. ¿A los 20? Es casi imposible. Y es por lo que lo hice. Lo mantuve. Pero entonces vi a Serena. Y fue en ese momento, viendo a Serena ser bien recibida con los brazos abiertos el año pasado en Indian Wells, cuando me di realmente cuenta de lo que significa ser la hermana mayor. Cuando Serena asfaltó el camino para mí.
Jugaré Indian Wells este año – 15 años después de mi última aparición, y uno después de la de Serena. Según se acerque el arranque del torneo, estaré más y más expectante de empezarlo. Deseosa de las magníficas pistas de California. Deseosa de grandes enfrentamientos de primer nivel. Y deseosa por los fans – quienes fueron parte esencial el año pasado ayudando a que fuera una edición tan especial. Pero sobre todo, estoy deseosa por jugar al tenis.
Suena simple – lo sé. Pero después de casi 30 años practicando este deporte, he aprendido algo. He aprendido que no importa lo que ocurra u ocurriera… o donde estés o estuvieras… al final del día: tenis es tenis. Esto es así, siempre es tenis. Y no hay nada mejor. ¿Quién me enseñó esto? Curiosamente y esto es lo gracioso - fue la mejor del mundo.
Yo soy su hermana mayor.

