Un Argentina Open sin argentinos

La participación argentina en Buenos Aires desaparece antes de los cuartos de final. La tierra batida necesita de ellos, exponentes antaño de esta superficie.

Rubén Pérez Serrano | 12 Feb 2016 | 18.30
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Un cartel fantástico, que hacía tiempo no se veía, se presentaba este año en la nueva edición del Argentina Open, el clásico torneo ATP de Buenos Aires. Nadal, Ferrer, Tsonga, Isner, Thiem, Dolgopolov… Pero… ¿y los argentinos? ¿O al menos los sudamericanos? Desaparecidos, fuera de combate, exceptuando al uruguayo Pablo Cuevas. Empiezan a quedar lejanos los tiempos en los que los tenistas albicelestes imponían su ley sobre la tierra batida.

Sorprende de entrada que solo 8 argentinos fueran de la partida en el cuadro principal del torneo porteño. Leonardo Mayer, Federico Delbonis, Juan Mónaco, Guido Pella, Diego Schwartzman, Facundo Bagnis, Facundo Arguello y Renzo Olivo. Menos los dos últimos, el resto figuran ahora mismo en el top 100. Pero ninguno en los cuartos de final del torneo de Buenos Aires.

Presión o malos emparejamientos aparte, resulta cuanto menos desalentador este dato. No es la primera vez, ya que en 2014 también se vivió esta situación. Desde hace algunos años el tenis argentino va en retroceso, tras la excepcional y de momento irrepetible camada que a principios de siglo enamoró a medio mundo. Pasada esta generación el tenis albiceleste ha vivido de un único jugador, Juan Martín Del Potro, al estilo de Suecia con Robin Soderling. Pero Delpo no es precisamente el fan número uno de la tierra batida ni tampoco está segura su continuidad mucho tiempo en el circuito.

Leonardo Mayer es otro argentino del corte de Del Potro o Nalbandian, que se siente extraño en una pista de arcilla y no así en una de cemento o incluso hierba. Pico Mónaco está agonizando ya como jugador competitivo, Delbonis no se atreve a dar otro salto de calidad, a Schwartzman aún le quedan batallas para curtirse más y el resto andan por el estilo. Algunos han sido muy prometedores en su época júnior pero al dar el salto al profesionalismo se han diluido. Agustín Velotti o Andrea Collarini son buenos ejemplos. Ambos se disputaron la final júnior de Roland Garros en 2010 con triunfo para el primero.

¿Hacia dónde camina el tenis argentino? Aunque esta pregunta podría hacerse extensible a todo el tenis sudamericano, que estaba viviendo una mala época después de años y años de éxitos con los Ríos, Lapentti, González, Massú, Horna, Kuerten, Meligeni, etc. La gira sudamericana de tierra batida los necesita más que nunca. Viene de perlas que grandes figuras del tenis europeo o norteamericano desfilen por algunos torneos de la Golden Swing, pero deben de ser los tenistas locales los que aporten verdaderamente el prestigio a las competencias.

Sin ir más lejos, si los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro hubieran coincido con una época de bonanza del tenis sudamericano, y más concretamente en su superficie por antonomasia, la tierra batida, la más probable es que el próximo verano viéramos a los tenistas luchar por las medallas sobre polvo de ladrillo y no sobre cemento. La tierra batida os necesita argentinos, y el Argentina Open mucho más.