La práctica totalidad de los grandes campeones de la historia han centrado sus motivaciones, su día a día y su hambre de triunfo en un rival que los potenciara. Para llegar hasta aquí, Novak Djokovic tuvo dos referencias extraordinarias: Roger Federer y Rafael Nadal. Una vez pasó el tiempo y consiguió dominarlos a la vez (23-22 y 24-23 en los respectivos 'cara a cara'), el de Belgrado ha encontrado en la historia su motivo para ganar.
Connors tuvo a Borg, Borg tuvo a McEnroe, McEnroe a Lendl; Lendl tuvo a Becker, éste a Sampras, etc. Siempre ha surgido una figura que cuestionara y derribara todo lo construído por un dominador. Antes o después llega el momento. En el caso de Djokovic, el serbio ha logrado dominar a una generación anterior (Federer), también la suya (Nadal, Murray, Wawrinka) y las que han venido por detrás. Tenísticamente parece estar sólo... pero alguien debería de llegar.

Ese papel le ha correspondido recientemente y por partida doble a Rafa Nadal. El balear dio por finalizado el dominio de Federer (2004-2008), arrebatándole el número 1 y terminando en años posteriores con la sensación de tiranía. Aunque el suizo volvió en 2009, con Nadal lesionado, Federer nunca pudo repetir mandato. Tras la explosión de Djokovic, hace ahora cinco temporadas, fue el propio tenista español el que regresó para discutir y arrebatarle el cetro, en 2013. Desde ahí, las lesiones volvieron a aparecer y Djokovic alcanzó el mejor nivel de toda su trayectoria. Resultado: dictadura.
Tras un año completo llegando a las finales de todos los torneos en los que participó, el único rival de Djokovic parece ser el tiempo. ¿Cuándo se convertirá en el mejor?¿Cuándo sobrepasará a Nadal y/o Federer en grandes títulos/estadísticas (Grand Slams, Masters 1000, semanas como número 1)? Un tercer despertar de Nadal es lo que actualmente parece descartado por su nivel tenístico. Sin embargo, una serie de factores podrían no descartarlo por completo.

No hablamos de un rival con potencial puntual para arrebatarle una, dos, tres victorias, pues de esos perfiles el circuito tiene variedad -Wawrinka, Nadal en tierra, Federer...-, sino de una figura que le discuta estatus, circuito y calendario. Las nuevas generaciones están faltas de físico, mentalidad y experiencia, por lo que esperar de uno de ellos una repentina y sostenida transformación al mismo nivel del serbio parece muy complicado.
La llave parece seguir estando en los miembros de su generación. Que Nadal dé un giro de 180º, que Murray dé el paso que dio Djokovic o que Stan Wawrinka rompa a jugador constante. Aunque la teoría parezca impracticable (que aparezca un jugador que discuta desde lo físico, lo técnico y lo mental a Djokovic), la cuestión es que Djokovic tenga una duda. Que en lugar de mirar a la historia, vea que un rival reuna la fuerza óptima para cuestionarle. Algo que aún así, ahora mismo, parece una utopía.

