Son dos partidos de cuartos de final pero bien podrían ser algo mucho mayor. En el primero sobran las palabras, la final del año pasado, mientras que en el segundo encontramos un duelo como recompensa a un estilo diferente a lo que hoy impera en el circuito, dos perfiles trabajados y capaces de ofrecer un producto distinto. Las ganadoras procedentes de cada duelo se cruzarán en una semifinal en la que, desgraciadamente, perderemos a dos de las raquetas que mejor lo venían haciendo en este Open de Australia.
Serena Williams – Maria Sharapova
Nada más acabar el sorteo, tanto Serena como Sharapova otearon el cuadro ronda a ronda y sus miradas se detuvieron sobre un mismo punto: los cuartos de final. Allí confluirían sus caminos si todo iba bien durante la primera semana, como así ha sucedido. Ni un susto por parte de ninguna de las dos finalistas del curso pasado, quien se han ido deshaciendo con asombrosa facilidad de todas sus oponentes. Únicamente Giorgi en primera ronda y Bencic en cuarta apretaron algo más de lo habitual a la estadounidense y a la rusa, respectivamente.

Hasta aquí todo perfecto, ahora viene el desafío. El momento de la verdad para una Maria que acumula 17 derrotas consecutiva ante su bestia negra. Desde aquel par de victorias en 2004 (Final Wimbledon y WTA Finals), la de Nyagan no ha podido volver a hincarle el diente a la de Michigan, y no será por falta de oportunidades. Aquí en Melbourne cruzaron hasta en tres ocasiones (2005, 2007, 2015), dos finales y unas semis, pero nunca hubo suerte para la europea. Se antoja un duelo divertido con dos potencias que llegan invictas (no han jugado más torneos) en este 2016. Y lo más importante, la seguridad de que quien gane el duelo, saldrá con la moral por las nubes con el objetivo del título entre ceja y ceja.
Agnieszka Radwanska – Carla Suárez
Ninguna es la reina del saque directo, tampoco del golpe ganador, ni siquiera del intercambio fugaz y potente. Pero ellas han sido las culpables de demostrarnos que con otro tenis también es posible brillar en la WTA del s.XXI. Eso también conlleva riesgos, como que ambas aterricen aquí después de sufrir en demasía en la ronda anterior. Radwanska tuvo que ver cómo Friedsam tiraba la toalla por un problema físico, mientras que Carla se vio obligada a recuperarse de un rosco para sellar su quinta participación en unos cuartos de Slam. Diferentes caminos pero mismo final.

Entre ellas, escaso bagaje. Tres precedentes y todos sobre cemento. El último fue para la española, en el último torneo de Miami. Antes, la de Cracovia había impuesto su jerarquía en Toronto (2009) y el Us Open (2012). Será un duelo bonito, con mucha variación de direcciones, golpes de chistera y grandes oportunidades ante ambos servicios. Un partido abierto con un premio al que Carla nunca pudo acceder: estar entre las ocho mejores de un certamen de esta categoría. Agnieszka, en cambia, busca un objetivo mucho más ambicioso: sumar un nuevo triunfo que le ayude a cercarse a su cuarto título profesional de manera consecutiva.
Sube la temperatura en Australia al mismo tiempo que sube la calidad de sus partidos. Al final, pese a todas las bajas importantes que hemos tenido durantes los primeros días de competición, han terminado siendo cuatro cabezas de serie las que ocupen las cuatro vacantes de cuartos de final de la parte de arriba. Se impuso la lógica.

