Uno viene de ganar la Copa Hopman para Australia, con victoria ante Andy Murray incluida en una de las series. El otro es reciente finalista del ATP Chennai, quemando la primera de muchas etapas. El futuro nadie lo conoce pero por su juventud, capacidad y precocidad, parece complicado que Nick Kyrgios y Borna Coric no conformen una de las rivalidades más interesantes y atractivas del tenis en los dos próximos lustros.
Esta temporada 2016 debería darnos pistas del definitivo potencial que manejan australiano y croata. Ambos ya ubicados en el top-40, ningún jugador representa mejor que ellos dos el consecuente relevo que en algún momento tendrá que producirse. Uno de los aspectos más interesantes de su desarrollo es imaginar una posible rivalidad, porque sobre el papel, la narrativa de sus duelos parece perfecta para ofrecer todo tipo de alicientes.

Ambos han demostrado un carácter diferente al del jugador estándar. Discurren entre la ambición y el punto de arrogancia, atesoran ese componente de raza y originalidad que ha caracterizado al crack tenístico en toda su historia y parecen poseer esa autoexigencia y punch ganador que les ha faltado a generaciones anteriores a la suya. Desde el punto de vista emocional, las miradas de ambos cuando están centrados desprenden un calor propio y único.
Tenísticamente, la confrontación es absolutamente perfecta por su contraste. Como la rivalidad de Rafael Nadal y Roger Federer o la que mantuvieron Andre Agassi y Pete Sampras, son jugadores tremendamente diferentes, lo que podría hacer del enfrentamiento una constante oportunidad para degustar sus opuestas maneras de interpretar el tenis sobre cualquier superficie. Como español, suizo y estadounidenses, también son vestidos por la marca de ropa más importante.

Kyrgios es la irreverencia, la envergadura, la potencia y la verticalidad. Coric es la sobriedad, la constancia, la defensa y la fiabilidad. A falta de que ambos completen su juego en los próximos años, el futuro es suyo, no sólo individualmente, sino que entre ambos podrían conformar la siguiente gran rivalidad del tenis masculino. Salvo contratiempo o lesiones continuas, parecen condenados a chocar por todo.

